Infantino aparece hoy como el rostro visible de una historia que nadie en la FIFA quería contar, pero que ya circula en pasillos cerrados y despachos discretos. Infantino no habló públicamente, no concedió entrevistas ni emitió comunicados, pero todos miran hacia él mientras el interés de Estados Unidos por Groenlandia amenaza con arrastrar al fútbol a una tormenta política sin precedente.
En oficinas de la FIFA y la UEFA, la palabra “muy preocupados” se repite como un eco. Altos mandos temen que la Copa Mundial se convierta en el epicentro de una crisis diplomática global. Infantino, sin proponérselo, quedó atrapado en un tablero donde se cruzan Trump, Europa y el torneo más lucrativo de la historia.
No hubo reuniones oficiales ni declaraciones públicas. Todo ocurre en susurros, llamadas privadas y mensajes cifrados. Infantino es observado con una mezcla de expectativa y temor, porque la gobernanza de la FIFA gira en torno a una sola figura central, y esa figura ahora carga con una presión que trasciende lo deportivo.
La inquietud silenciosa que recorre a la FIFA
Altos directivos admiten que la federación no está diseñada para gestionar conflictos geopolíticos de esta magnitud. Infantino representa un sistema construido alrededor de una presidencia fuerte, pero poco preparado para una crisis que involucra a potencias mundiales.
En circunstancias normales, la FIFA podría declararse víctima de acontecimientos externos. Sin embargo, el abierto cortejo de Infantino a Trump lo coloca en el centro del drama. Una fuente lo resumió así: “simplemente tiene que estar preocupado por lo que viene después”.
Groenlandia como detonante político
La posibilidad de que Estados Unidos avance sobre Groenlandia abrió un escenario inédito. Para muchas federaciones europeas, esto ya no es una hipótesis lejana. Infantino sabe que cualquier movimiento militar o presión diplomática forzaría una respuesta contundente.
La exclusión de Rusia del Mundial por la invasión a Ucrania dejó un precedente que hoy limita el margen de maniobra. Infantino enfrenta un dilema: mantener la neutralidad o asumir un rol político que históricamente la FIFA evitó.
Europa, boicot y solidaridad con Dinamarca
En círculos políticos alemanes se planteó amenazar con un boicot. En Países Bajos también hubo peticiones formales. Infantino observa cómo la Copa Mundial se convierte en un “punto de apoyo” para federaciones europeas que buscan mostrar solidaridad con Dinamarca.
Una veintena de federaciones debatieron el tema durante el aniversario 150 de la Federación Húngara. Nadie quiere hablar de “líneas rojas”, pero todos entienden que una invasión a Groenlandia cambiaría las reglas del juego.
El Mundial como eje de presión global
Nick McGeehan, de FairSquare, lo dijo sin rodeos: la Copa es ahora un evidente punto de apoyo. Infantino entiende que un boicot europeo no solo dañaría la imagen del torneo, sino que golpearía a patrocinadores, ciudades anfitrionas y organismos de radiodifusión.
Trump, obsesionado con los índices de audiencia, perdería su escaparate global. Infantino sabe que esa podría ser la única palanca real para frenar una escalada política.
La diplomacia deportiva bajo escrutinio
Desde dentro de la FIFA, algunos sostienen que Infantino facilita el acercamiento a líderes autocráticos porque no tiene alternativa. Otros creen que esa diplomacia deportiva moderna es una ilusión peligrosa.
Históricamente, la FIFA rechazó un papel político. Un alto ejecutivo recordó: “por eso no se hicieron políticos”. Infantino, sin embargo, ya no puede refugiarse en esa tradición.
El Premio de la Paz y la sombra estratégica
El Premio de la Paz de la FIFA adquirió un simbolismo extraño cuando Trump habló de su “competidora” en el Nobel. Algunos sugieren que ese galardón se concedió para cortejar al republicano y ganar influencia futura.
Si eso fue parte de un plan, ahora es el momento de comprobar si funcionó. Infantino depende por completo de su propio planteamiento.
Inversiones detenidas y efectos colaterales
La crisis ya se propagó a otros ámbitos. Inversionistas estadounidenses suspendieron negociaciones con clubes daneses a la espera de lo que ocurra con Groenlandia.
Infantino ve cómo decisiones políticas empiezan a congelar acuerdos millonarios. El fútbol deja de ser una burbuja aislada.
El liderazgo que la FIFA necesita
Cada vez que se plantean relaciones con Trump o con figuras como Mohammed bin Salman, surge el argumento de que Infantino debe “gestionar” esas insinuaciones.
Pero gestionar ya no basta. Infantino enfrenta la mayor crisis de la historia de la FIFA. El Mundial más lucrativo podría convertirse en el más ruinoso.
La frase que hoy suena lejana
Infantino describió la Copa 2026 como “el mayor momento de la historia, uno que une al mundo entero”. También prometió que “el mundo se parará” para ver lo que ocurre en los tres países anfitriones.
Hoy no hay nada de eso. Y el mundo está mirando, pero con inquietud.
¿Hora de una FIFA politizada?
Algunos funcionarios creen que una FIFA verdaderamente politizada debería amenazar con trasladar ya la Copa del Mundo. Dinamarca es miembro pleno, y Groenlandia busca reconocimiento.
Infantino se encuentra en la cuerda floja. O lidera una respuesta firme o queda como rehén de una crisis que lo supera.
El futuro inmediato del torneo
De momento, el fútbol está a la espera y con esperanzas. Nadie más que Infantino, quien llevó el torneo a Estados Unidos.
Llegó la hora de la política. Y también de la decisión más difícil de su carrera.


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