Kenia es una potencia mundial indiscutible en el atletismo de fondo, una fábrica de
campeones que asombran al mundo con su resistencia y velocidad. Sin embargo,
detrás de las medallas de oro, los récords mundiales y las sonrisas en el podio, sé
esconde una realidad mucho más sombría y, a menudo, silenciada: muchos de estos
atletas luchan en una batalla personal contra la depresión, la abrumadora presión
financiera para sostener a sus familias y, en casos alarmantes, la violencia, incluida la
de género. Las recientes y trágicas muertes de varios deportistas han comenzado a
destapar una crisis preocupante que exige atención urgente.
La Federación Keniana de Atletismo (AK, por sus siglas en inglés) ha tenido que
reconocer una verdad incómoda: los problemas de salud mental y las dificultades
financieras se han convertido en factores que han derivado en la muerte de varios
atletas en los últimos tiempos. Esta admisión es un primer paso crucial, pero la
magnitud del problema es alarmante.
La alarma encendida: Muertes trágicas sacuden los cimientos del atletismo keniano
Los casos son desgarradores y han conmocionado a la comunidad atlética. Kipyegon
Bett, exmedallista mundial de bronce en los 800 metros, falleció trágicamente a los
26 años. Según los informes, su muerte estuvo relacionada con el alcoholismo y una
profunda depresión. Su caso no es aislado.
Otro suceso que ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los atletas es el de la
fondista olímpica ugandesa Rebecca Cheptegei, quien vivía y entrenaba en Kenia.
Cheptegei fue brutalmente asesinada, rociada con gasolina y quemada por su expareja. Este acto de violencia de género subraya una amenaza adicional que
enfrentan, en particular, las mujeres atletas. Un miembro del Comité Ejecutivo de la
Federación Keniana de Atletismo lo dijo sin rodeos: «Trágicamente se ha convertido
en algo frecuente. Esto obliga a los atletas a tener más cuidado».
Las causas profundas: La presión por ganar y el sostén familiar
La raíz de muchos de estos problemas parece yacer en la inmensa presión que
enfrentan los atletas kenianos. La necesidad de ganar competencias no solo
responde a la ambición deportiva, sino fundamentalmente a la urgencia de obtener
ganancias económicas para apoyar a sus familias y comunidades, a menudo en
contextos de pobreza y limitadas oportunidades. «Las recientes muertes muestran
que los atletas se enfrentan a enormes retos, incluidos problemas financieros y de
salud mental» confesó un directivo de la AK.
Este éxito deportivo, que los catapulta a la fama y les ofrece una vía de escape
económico, se convierte paradójicamente en una fuente de vulnerabilidad extrema.
La expectativa constante de mantener un rendimiento de élite y ser el principal
sostén financiero de numerosas personas puede ser una carga abrumadora,
especialmente si no existen sistemas de apoyo adecuados. La falta de acceso a
servicios de salud mental de calidad, asesoramiento financiero y redes de contención
efectivas deja a muchos atletas a la deriva, enfrentando solos sus demonios internos.
Las «ganancias económicas» se transforman en una espada de doble filo si no se
gestionan con sabiduría y si el bienestar psicológico se relega a un segundo plano.
La necesidad urgente de intervención y el estigma cultural
La Federación Keniana de Atletismo ha reconocido que «no podemos hacer como si
no hubiera un problema» , lo cual es un avance. Sin embargo, el camino hacia
soluciones efectivas es complejo. Abordar esta crisis requiere ir más allá de simples
advertencias para que los atletas «tengan más cuidado». Es imperativo implementar
programas integrales de apoyo psicológico, educación financiera para gestionar las
ganancias, y mecanismos robustos de protección contra la violencia, especialmente
la de género.
Un obstáculo significativo puede ser el estigma cultural asociado a los problemas de
salud mental. En muchas sociedades, y particularmente en entornos de alta
competencia deportiva donde se exalta la fortaleza física y mental, admitir
vulnerabilidades psicológicas puede ser visto como un signo de debilidad. Los atletas podrían sentir una enorme presión para ocultar sus luchas internas, temiendo el
juicio o la pérdida de oportunidades. Casos como el de Kipyegon Bett, con problemas
de alcoholismo y depresión, sugieren batallas internas que pudieron haber sido
ignoradas o no tratadas a tiempo.
Para generar un cambio real y sostenible, es fundamental crear espacios seguros
donde los atletas puedan buscar ayuda sin temor a represalias o estigmatización.
Esto implica integrar profesionales de la salud mental en los programas de
entrenamiento, educar a entrenadores y directivos sobre la importancia del bienestar
psicológico, y fomentar una cultura deportiva que valore la salud integral del atleta
tanto como sus resultados en la pista. La visibilización de estas problemáticas, a
través de reportajes como este, puede contribuir a romper el silencio y a promover un
entorno más saludable y compasivo para quienes llevan la bandera de Kenia (y de
muchos otros países) a lo más alto del deporte mundial.
¿Qué medidas crees que deberían tomar las federaciones deportivas para
proteger mejor la salud mental y el bienestar general de los atletas? ¿Cómo podemos,
como sociedad, contribuir a destigmatizar los problemas de salud mental en el
deporte? ¡Tu reflexión es importante!
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