Ese ritual diario de tomar una taza de café tiene un costo oculto y sorprendente: 140 litros de agua. No es el agua que ves en tu taza, sino el «agua virtual» usada en todo su proceso de producción. Esta es la historia del agua que no vemos, pero que consumimos cada mañana.
Para millones de personas en México y el mundo, el día no comienza hasta la primera taza de café. Es un ritual, un placer, una necesidad. Pero, ¿alguna vez te has preguntado cuál es el verdadero costo ambiental de esa bebida aromática? La respuesta es asombrosa: para producir los granos necesarios para una sola taza de café de 125 ml, se requieren en promedio 140 litros de agua.
Esta cifra no se refiere al agua que añades de la cafetera, sino al concepto de «agua virtual», que contabiliza toda el agua consumida a lo largo de la cadena de producción.
El viaje del grano: ¿De dónde salen los 140 litros?
La enorme huella hídrica del café se acumula en cada paso de su complejo viaje, desde la planta hasta tu taza. El proceso incluye:
* Cultivo: La mayor parte del agua se consume aquí. El cafeto necesita agua para crecer, ya sea de la lluvia o, en muchas regiones, de sistemas de riego que extraen agua de ríos y acuíferos.
* Procesamiento: Una vez cosechadas las cerezas de café, se necesita agua para lavarlas y separar el grano de la pulpa.
* Secado, Tostado y Molienda: Aunque en menor medida, estos procesos también consumen recursos, incluyendo el agua utilizada en las instalaciones y en la generación de energía.
* Empaque y Transporte: Finalmente, el agua utilizada en la fabricación de los empaques y la logística también suma a la huella final.
La gota que derramó el vaso: Una comparación reveladora
Para poner en perspectiva la sed del café, una metáfora utilizada por la CONAGUA es impactante: se necesitan más de 1,100 gotas de agua para producir una sola gota de café que bebemos.
La comparación con otras bebidas populares hace que la cifra sea aún más elocuente. Si bien 140 litros puede parecer mucho, veamos cómo se compara con otras opciones:
* Una taza de té (250 ml): Requiere aproximadamente 30 litros de agua.
* Un vaso de leche (200 ml): Necesita unos 200 litros de agua.
* Un vaso de jugo de naranja (200 ml): Consume alrededor de 170 litros de agua.
* Un vaso de vino (125 ml): Su huella es de 120 litros.
* «Cuando nos damos cuenta de que consumimos la mayor parte del agua de forma indirecta, es necesario cuantificar los volúmenes de agua ‘ocultos’ detrás de la fabricación de cada producto». – Adaptado de WWF.
México y el café: Un cultivo vital con un gran costo hídrico
México es uno de los principales productores de café del mundo, y este cultivo es vital para la economía de estados como Chiapas, Veracruz y Oaxaca. Sin embargo, esta producción se enfrenta a una paradoja: se desarrolla en un país que sufre cada vez más de estrés hídrico y sequías prolongadas.
La alta huella hídrica del café ejerce una presión considerable sobre los recursos hídricos locales, compitiendo con las necesidades de las comunidades y los ecosistemas. Esto subraya la importancia de promover y apoyar prácticas de cultivo más sostenibles.
¿Debo dejar el café? Opciones para un consumo más consciente
La revelación de los 140 litros no busca eliminar un placer cotidiano, sino fomentar una conciencia que conduzca a mejores decisiones. No es necesario renunciar al café, pero sí podemos tomar medidas para reducir su impacto:
* Busca certificaciones: Prefiere marcas de café con sellos como Rainforest Alliance, USDA Organic o Bird Friendly, que a menudo promueven métodos de cultivo de sombra y un uso más eficiente del agua.
* Apoya a productores locales: Compra café de pequeños productores mexicanos que utilizan prácticas agrícolas sostenibles.
* No desperdicies: Prepara solo la cantidad de café que vas a consumir. Cada gota que se va por el desagüe representa una gran cantidad de agua virtual desperdiciada.
* Considera alternativas: Alternar el consumo de café con bebidas de menor huella hídrica, como el té, puede marcar una diferencia significativa a lo largo del tiempo.
El primer paso para resolver un problema es conocerlo. Ahora que sabes el secreto de tu café matutino, tienes el poder de ser parte de la solución.
