El debate sobre el consumo de cannabis y las advertencias sobre sus riesgos siguen siendo relevantes. Ahora, un nuevo estudio científico aporta datos concretos que ayudan a entender cuánto consumo empieza a ser problemático, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
La investigación revela que no se necesitan grandes cantidades para aumentar de forma significativa el riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de cannabis. En términos de THC, el principal compuesto psicoactivo de la planta, bastan unos pocos porros a la semana para marcar la diferencia.
¿Qué reveló el estudio sobre el consumo de cannabis?
La investigación que fue liderada por la psicóloga e investigadora en adicciones Rachel L. Thorne, de la Universidad de Bath, en Reino Unido y publicado el 12 de enero de 2026 en la revista científica de la Society for the Study of Addiction, analizó a un total de 150 personas consumidoras de cannabis, entre estos: 85 adolescentes de entre 16 y 17 años, y 65 adultos jóvenes de entre 26 y 29 años, todos con consumo en el último año.
El objetivo fue identificar umbrales de riesgo, algo que hasta ahora no existía con precisión.
Para poder comparar distintos tipos de consumo, los investigadores establecieron una unidad estándar de THC, equivalente a 5 miligramos. Este enfoque se inspira en el uso de “unidades de alcohol” para evaluar riesgos asociados a distintas bebidas.
Gracias a esta medida, fue posible distinguir entre un consumo considerado no problemático y aquel que ya se asocia con un trastorno por consumo de cannabis, definido como la incapacidad de controlar el uso pese a consecuencias negativas en la vida diaria.
¿Cuánto THC a la semana aumenta el riesgo?
Los resultados mostraron diferencias según la edad. En adolescentes, el umbral crítico se situó alrededor de seis unidades de THC por semana, es decir, 30 miligramos. En adultos jóvenes, el riesgo aumentó a partir de ocho unidades semanales, unos 40 miligramos de THC.
Para los trastornos de consumo moderados a graves, los valores fueron aún más elevados. Aun así, los investigadores subrayan que el único consumo completamente libre de riesgo es la abstinencia.
¿Qué implica tener un trastorno por consumo de cannabis?
Este trastorno no se define solo por la cantidad consumida, sino por sus efectos en la vida cotidiana. Puede incluir el abandono de responsabilidades escolares, laborales o familiares, así como síntomas de abstinencia, como inquietud, irritabilidad o problemas de sueño, cuando se intenta reducir o dejar el consumo.
Para Jakob Manthey, investigador del Centro de Investigación Interdisciplinaria sobre Adicciones del Hospital Universitario de Hamburgo-Eppendorf, los umbrales propuestos son útiles para comunicar riesgos. Sin embargo, advierte que también pueden generar malentendidos.
“Existe el peligro de que un consumo por debajo del umbral se interprete como inofensivo o incluso beneficioso”, señala Manthey.

Además, recuerda que el cannabis no es una sustancia uniforme. El THC es el principal factor de riesgo, pero otros cannabinoides y la forma de consumo, porro, vaporizador o comestibles, pueden modificar de forma importante el efecto final.
Uno de los mayores retos es que muchas personas no conocen el contenido real de THC de lo que consumen, especialmente cuando proviene del autocultivo o de mercados no regulados.
El neuropsicofarmacólogo británico David Nutt considera que el estudio representa un avance importante. A su juicio, los datos ofrecen una estimación clara semanal para reducir el riesgo de dependencia y refuerzan la necesidad de un mercado regulado.
Según Nutt, solo con etiquetado claro de unidades de THC, similar al alcohol, los consumidores podrían gestionar mejor su riesgo.