Fechas de caducidad en alimentos: ¿qué indican realmente y cuándo preocuparnos?
Abrir el refrigerador y revisar los alimentos se ha convertido en una rutina diaria, pero pocos saben interpretar correctamente las fechas en los envases. Un yogur que parece aún fresco o una salsa que indica “consumir antes del domingo pasado” puede generar dudas: ¿debemos desecharlos o aún son seguros?
La respuesta no es sencilla, porque la mayoría de las etiquetas reflejan calidad y sabor, no necesariamente seguridad alimentaria.
Origen y evolución de las fechas en los alimentos
En Estados Unidos, existen cerca de 50 variantes de etiquetas, como “consumir antes de”, “vender antes de” y “envasado el”, que casi siempre se refieren a la frescura, no al riesgo de enfermedad.
Desde mediados del siglo XX, con el aumento de productos procesados y envasados, los fabricantes comenzaron a colocar fechas para tranquilizar a los consumidores sobre la frescura de los productos. Estas etiquetas se generalizaron en los años 60 y 70 con la expansión de normas sobre etiquetado y nutrición.
Hoy, cada empresa decide cómo establecer la fecha, utilizando métodos que van desde modelos matemáticos hasta pruebas de exposición a mohos o patógenos. Esta diversidad genera inconsistencias: dos productos idénticos pueden tener fechas muy diferentes según el fabricante.
Una maraña de términos y regulaciones estatales
La confusión se intensifica por la variación en leyes estatales. Por ejemplo:
- Montana exige que la leche tenga fecha de caducidad a 12 días tras la pasteurización.
- Pensilvania permite 17 días y exime a la leche ultrapasteurizada.
- Nueva York no exige fecha en productos lácteos, mientras Virginia sí.
Estas diferencias provocan que los consumidores tiren alimentos innecesariamente. Según una encuesta de 2025, el 43% de los estadounidenses desecha comida cercana a caducar por temor a riesgos.
Cuándo las fechas realmente importan
Algunos productos requieren atención especial:
- Carne y mariscos crudos: usar en uno o dos días si son aves, o cuatro a cinco días si son carnes rojas.
- Quesos y leche no pasteurizados: revisar cuidadosamente la fecha de caducidad.
- Alimentos infantiles y preparados en tiendas: respetar la fecha indicada estrictamente.
Por el contrario, alimentos como condimentos, aceites, conservas sin abrir y productos congelados pueden durar años si se mantienen correctamente, incluso después de la fecha impresa.
Consejos prácticos para reducir desperdicio
- Congelar alimentos puede extender su vida útil: los productos congelados soportan hasta un año.
- Usar aplicaciones como FoodKeeper del USDA para guías de almacenamiento.
- Mantener el refrigerador a menos de 4 °C para preservar carne y lácteos.
- Diferenciar entre “consumir antes de” (seguridad) y “consumir preferentemente antes de” (calidad).
Hacia un etiquetado más claro
A partir de julio, California implementará un sistema simplificado con solo dos etiquetas estandarizadas:
- Consumir antes de → seguridad alimentaria.
- Consumir preferentemente antes de → calidad del producto.
El Congreso federal estudia replicar esta simplificación a nivel nacional, reduciendo la confusión y el desperdicio de alimentos.
Equilibrio entre seguridad y sentido común
La interpretación correcta de las fechas de los alimentos es un equilibrio entre seguridad y sentido común. La mayoría de los productos se pueden consumir unos días después de la fecha indicada si se almacenan correctamente. Comprender la diferencia entre frescura y seguridad ayuda a reducir el desperdicio masivo y promueve hábitos responsables en el hogar.
