
Una investigación actualizada y trascendental, publicada por la Comisión Lancet sobre prevención, intervención y cuidado de la demencia en mayo de 2025, ofrece un mensaje de esperanza y empoderamiento en la lucha contra esta creciente crisis de salud global.
El informe identifica un total de 14 factores de riesgo modificables relacionados con la salud y el estilo de vida que, si se abordaran de manera integral a nivel individual y social, podrían prevenir o retrasar la aparición de casi el 45% de todos los casos de demencia en el mundo.
La lista de factores de riesgo se ha ampliado desde los 12 identificados previamente, con la inclusión notable del colesterol alto como uno de los nuevos elementos a considerar. Según el informe, los factores de riesgo con mayor impacto individual en la proporción de casos de demencia son el deterioro auditivo y, precisamente, el colesterol alto, cada uno vinculado al 7% de los casos.
Les siguen de cerca la menor educación en las primeras etapas de la vida y el aislamiento social en la vejez, ambos asociados con un 5% de los casos, respectivamente. Un aspecto crucial que subraya la investigación es la importancia de abordar estos factores de riesgo en diferentes etapas del ciclo vital.
Por ejemplo, la gestión de la pérdida auditiva se vuelve particularmente relevante a partir de la mediana edad (aproximadamente desde los 40 años), mientras que mantener conexiones sociales robustas parece tener un impacto preventivo más significativo en etapas posteriores de la vida.
Esto sugiere que la salud cerebral es un proceso acumulativo y que las intervenciones preventivas deben adaptarse a cada fase de la existencia. El mensaje central del informe de The Lancet es que la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento para una gran proporción de la población.
Al identificar factores modificables, se abre una ventana de oportunidad para que tanto los individuos como los sistemas de salud tomen medidas proactivas. El 45% de casos potencialmente prevenibles es una cifra que infunde optimismo y dirige la atención hacia estrategias preventivas concretas.
No obstante, el informe también reconoce que no todos los factores de riesgo están bajo el control directo del individuo. Mientras que decisiones como dejar de fumar o controlar el colesterol dependen en gran medida de elecciones personales y acceso a atención médica, otros factores como la exposición a la contaminación del aire o el nivel educativo alcanzado en la infancia están fuertemente influenciados por determinantes sociales de la salud.
Abordar estos últimos requerirá cambios estructurales en la sociedad, incluyendo políticas públicas en áreas como educación, medio ambiente, urbanismo y equidad social, para así ofrecer a todas las personas la mejor oportunidad de disfrutar de una vida saludable y libre del impacto devastador de la demencia.