Hace más de 30 años se advirtió sobre los riesgos de un mundo donde el hábito de la lectura se desvanecía ante el avance de los medios masivos. Hoy, al mirar atrás, la pregunta que surge es inevitable: ¿hemos mejorado o estamos peor?
Un mundo que lee menos, pero consume más información
Según el Módulo sobre Lectura (MOLEC) del INEGI (2023), solo el 68.5% de la población mayor de 18 años en México leyó algún material en el último año. En comparación con 2016, esto representa una caída de 12.3 puntos porcentuales.
Mientras tanto, el consumo de información en redes sociales, blogs y foros digitales aumenta vertiginosamente. Sin embargo, la lectura en estos entornos tiende a ser superficial, diseñada para captar atención instantánea más que para fomentar la reflexión profunda.
Las pantallas: aliadas o enemigas de la imaginación
El filósofo Byung-Chul Han, en su obra Infocracia, describe cómo la tecnología transforma nuestras interacciones: “Ser libre no significa actuar, sino hacer clic, dar like y postear”. Este tipo de interacción no fomenta la crítica ni la creatividad; al contrario, las limita a impulsos programados por algoritmos que moldean nuestra atención.
Si bien las pantallas pueden ser herramientas poderosas, también plantean un desafío: el tiempo que antes se dedicaba a la lectura profunda y reflexiva se invierte ahora en un consumo rápido y fragmentado de contenidos.
Creatividad en peligro: menos lectores, menos escritores
La lectura no solo forma lectores críticos, sino que también alimenta a los escritores. Sin una base de lectores atentos, capaces de imaginar y cuestionar, el número de escritores significativos podría disminuir en el futuro. Como señaló Michel Foucault, la imaginación y la capacidad crítica se nutren de la interacción con textos que desafían nuestras percepciones y nos permiten soñar.
La influencia tecnológica y la caída del pensamiento crítico
El análisis de Marcos Roitman, en su ensayo De Reagan a Trump, sugiere que los avances tecnológicos no solo afectan la lectura, sino que también facilitan el control mental. Medios y plataformas digitales, manejadas por gigantes como Bezos, Musk y Zuckerberg, moldean el pensamiento colectivo, eliminando gradualmente la capacidad de cuestionar.
La consecuencia es una sociedad atrapada en la «caverna digital» de la que habla Byung-Chul Han, donde la luz de la verdad se apaga en favor de la información programada.
¿Cómo recuperar el hábito de la lectura?
En un mundo donde las pantallas dominan, la tarea de recuperar la lectura como práctica esencial parece titánica, pero es posible:
- Fomentar la lectura desde la infancia: Crear entornos donde los libros sean accesibles y atractivos para los más jóvenes.
- Transformar la educación: Incorporar métodos pedagógicos que inspiren curiosidad y fomenten el pensamiento crítico.
- Promover contenido de calidad en redes: Aprovechar la tecnología para acercar a los lectores a textos significativos en lugar de información trivial.
- Redefinir la interacción con la tecnología: Usar las pantallas como complemento, no como reemplazo, de la experiencia de lectura profunda.
Un llamado a leer para pensar y soñar
Las desventuras por no leer son claras: pérdida de creatividad, pensamiento crítico y capacidad de imaginar. En un mundo que prioriza el clic sobre la reflexión, la lectura se convierte en un acto de resistencia, una herramienta para recuperar nuestra humanidad.
La tarea no es sencilla, pero es urgente. Leer no es solo un acto individual, sino una forma de conectar con el mundo y construir un futuro más consciente y creativo.
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