Egipto volvió a colocarse en el centro del interés mundial tras la inauguración oficial de dos estatuas colosales de alabastro del faraón Amenhotep III en la ciudad de Luxor. La restauración de estos monumentos, conocidos como los Colosos de Memnón, marca el cierre de un ambicioso proyecto arqueológico que se extendió durante casi dos décadas y que busca fortalecer el turismo cultural, uno de los pilares de la economía egipcia.

Colosos de Memnón: símbolos del esplendor faraónico
Las monumentales estatuas representan al faraón Amenhotep III, uno de los gobernantes más influyentes del antiguo Egipto, quien reinó durante el Imperio Nuevo entre 1390 y 1353 a. C. Con alturas de 14.5 y 13.6 metros, las esculturas se alzan a la entrada de su templo funerario en la orilla occidental del Nilo, mirando hacia el este, en dirección al sol naciente.
Estas figuras no solo impresionan por su tamaño, sino también por su simbolismo. Amenhotep III aparece sentado, con las manos apoyadas en los muslos, portando el tocado nemes, las coronas dobles del Alto y Bajo Egipto y el kilt real plisado, emblemas de su poder divino. A los pies de las estatuas se distinguen pequeñas figuras de su esposa, la reina Tiye, lo que refuerza la importancia política y ceremonial del conjunto.
Un proyecto de restauración de alcance internacional
El secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Mohamed Ismail, subrayó que la inauguración representa un momento histórico para Luxor y para el patrimonio egipcio. La restauración fue realizada por una misión egipcio-alemana, liderada por la reconocida egiptóloga Hourig Sourouzian, que comenzó los trabajos a finales de la década de 1990.
El proyecto tuvo como objetivo no solo reconstruir las estatuas, sino también rescatar los últimos vestigios del templo funerario de Amenhotep III, considerado uno de los complejos religiosos más grandes y ricos del antiguo Egipto. Con una extensión aproximada de 35 hectáreas, este recinto suele compararse con el majestuoso templo de Karnak.
Del terremoto antiguo a la recuperación moderna
Los colosos originales fueron derribados por un fuerte terremoto alrededor del año 1200 a. C., que también causó graves daños al templo funerario. Durante siglos, los fragmentos quedaron dispersos; algunos bloques incluso fueron reutilizados en construcciones posteriores, como el templo de Karnak.
Gracias a investigaciones arqueológicas y al trabajo del Ministerio de Antigüedades, fue posible recuperar numerosos fragmentos de alabastro provenientes de las canteras de Hatnub, en el Egipto Medio. A diferencia de otras esculturas monumentales, los colosos de Amenhotep III fueron ensamblados con piezas talladas por separado, unidas a un núcleo central, lo que hizo aún más compleja su restauración.
Luxor y el renacer del turismo cultural
La reapertura de los colosos se produce en un contexto estratégico para el país. Apenas semanas antes, Egipto inauguró el largamente esperado Gran Museo Egipcio, cerca de las Pirámides de Giza, otra pieza clave del plan gubernamental para revitalizar el turismo.
Tras años de inestabilidad política desde 2011 y el impacto de la pandemia, el sector turístico egipcio muestra señales claras de recuperación. En 2024, alrededor de 15.7 millones de turistas visitaron el país, aportando cerca del 8 % del PIB, según cifras oficiales. Las autoridades esperan alcanzar 18 millones de visitantes este año y llegar a 30 millones anuales para 2032.
Un legado que proyecta el futuro de Egipto
Funcionarios del sector turístico coinciden en que la restauración de los Colosos de Memnón fortalecerá la posición de Luxor como uno de los destinos arqueológicos más importantes del mundo. “Siempre hay novedades en Luxor”, han señalado autoridades locales, convencidas de que el sitio seguirá atrayendo visitantes durante décadas.
La inauguración de estas estatuas no solo recupera un fragmento esencial del pasado faraónico, sino que también refleja la apuesta de Egipto por convertir su patrimonio histórico en un motor de desarrollo económico y cultural. Con cada proyecto de restauración, el país refuerza su identidad y consolida su papel como guardián de una de las civilizaciones más fascinantes de la humanidad.