19 de mayo: Un día de contrastes en la historia de México, de la corona imperial de Iturbide al legado científico de Díaz Covarrubias

19 de Mayo: Un Día de Contrastes en la Historia de México, de la Corona Imperial de Iturbide al Legado Científico de Díaz Covarrubias

Recordamos dos efemérides clave: la ratificación de Agustín de Iturbide como Emperador en 1822 y el fallecimiento del geógrafo Francisco Díaz Covarrubias en 1889

Cada 19 de mayo, México conmemora dos acontecimientos dispares, pero significativos de su historia decimonónica: la ratificación de Agustín de Iturbide como el primer Emperador de México en 1822, y el fallecimiento en 1889 de Francisco Díaz Covarrubias, destacado científico y geógrafo que contribuyó a definir el territorio nacional.

El efímero primer imperio mexicano: Iturbide Coronado

El 19 de mayo de 1822, el Congreso ratificó a Agustín de Iturbide como Emperador Constitucional de México. Este evento se produjo en un contexto de efervescencia política tras la consumación de la Independencia en 1821. Iturbide, figura central en la etapa final de la lucha independentista y artífice del Plan de Iguala, emergió como el líder capaz de aglutinar a diversas facciones, al menos temporalmente.

El Primer Imperio Mexicano, sin embargo, fue breve y tumultuoso. Enfrentó la oposición de republicanos, problemas financieros y la falta de reconocimiento de algunas potencias. Apenas diez meses después, en marzo de 1823, Iturbide abdicó, abriendo paso a la instauración de la República. Su figura sigue siendo objeto de debate entre historiadores: para algunos, un libertador y unificador; para otros, un monarca ambicioso. No obstante, su papel en la transición de la Nueva España al México independiente es innegable.

Francisco Díaz Covarrubias: Ciencia y definición del territorio

En un contraste notable, el 19 de mayo de 1889 falleció Francisco Díaz Covarrubias, un hombre de ciencia cuyas contribuciones tuvieron un impacto duradero en la comprensión y representación geográfica de México. Ingeniero, astrónomo, geógrafo y diplomático, Díaz Covarrubias fue una figura prominente en el México de la Reforma y el Porfiriato.

Entre sus logros más destacados se encuentran el levantamiento de la Carta Geográfica del Valle de México y la rectificación de la posición geográfica del país mediante observaciones astronómicas precisas. Sus trabajos no solo avanzaron el conocimiento científico en México, sino que también fueron fundamentales para la delimitación territorial, la planificación de infraestructura y la afirmación de la soberanía nacional. Su legado resalta la importancia de la ciencia y la técnica en el desarrollo de una nación.

«La historia se escribe con las acciones de quienes se atreven a soñar un imperio y de quienes, con rigor científico, miden y definen la tierra que lo sustenta.»

Legados que dialogan con el presente

Estas dos efemérides del 19 de mayo, la coronación de un emperador y la muerte de un científico, invitan a reflexionar sobre las diversas facetas que conforman la identidad nacional. Por un lado, las luchas por el poder, los modelos de gobierno y la búsqueda de un proyecto nacional tras la independencia. Por otro, el esfuerzo constante por el conocimiento, la modernización y la comprensión del propio territorio.

Recordar a Iturbide puede suscitar debates sobre liderazgo y unidad nacional, temas siempre vigentes. La obra de Díaz Covarrubias, a su vez, nos recuerda la importancia crucial de la inversión en ciencia y tecnología para el desarrollo soberano de cualquier país. Ambas historias, desde sus respectivos ámbitos, nos hablan de un México en constante formación y de los individuos que, con sus decisiones y trabajos, han moldeado su destino.

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