Las madres buscadoras en Veracruz viven bajo una constante sombra de amenazas por parte del crimen organizado, debido a su incansable labor por localizar a sus familiares desaparecidos. Así lo denunció Rosalía Castro Toss, fundadora del Colectivo Solecito de Veracruz, quien señaló que la intimidación se ha vuelto parte de su día a día.
Durante una marcha realizada en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la activista explicó que tanto ella como otras integrantes del colectivo han recibido llamadas anónimas en las que se les advierte que podrían atentar contra su vida si no detienen sus búsquedas.
“Nos dicen que dejemos de hacer ruido y de buscar. Son amenazas telefónicas que recibimos constantemente, pero seguimos adelante porque lo más importante es encontrar a nuestros familiares”, relató.
Desconfianza en la protección oficial
Aunque en algunos casos las autoridades han ofrecido medidas de protección con escoltas, muchas madres se niegan a aceptarlas. La razón principal es la desconfianza hacia los cuerpos policiacos, pues en múltiples ocasiones han estado vinculados con la delincuencia organizada.
Para las buscadoras, aceptar un escolta oficial puede significar exponerse aún más al riesgo de ser entregadas a los mismos grupos criminales que las amenazan. “Las mejores medidas de seguridad son de Dios, porque uno no sabe si el que te va a resguardar es el mismo que te va a poner en peligro”, expresó Castro Toss, destacando la falta de garantías reales de seguridad.
La desconfianza no surge de la nada. En Veracruz, numerosos casos de desapariciones forzadas han señalado presunta participación de agentes del Estado, lo que alimenta el temor de quienes dependen de estas instituciones para recibir protección.
Veracruz, uno de los estados más afectados
De acuerdo con el informe “Desaparecer Otra Vez”, Veracruz ocupa el tercer lugar a nivel nacional en solicitudes de protección federal por parte de colectivos de familiares de desaparecidos. En total, 12 agrupaciones han pedido respaldo ante las constantes amenazas que enfrentan.
Sin embargo, estas medidas han resultado insuficientes. Los amagos y ataques continúan, lo que coloca a Veracruz como uno de los territorios más peligrosos para quienes buscan justicia y verdad.
El mismo informe advierte que en México buscar a una persona desaparecida es una actividad de alto riesgo que puede costar la vida. Desde 2011 a la fecha, al menos 30 familiares de desaparecidos han sido asesinados, de los cuales 16 eran mujeres.
El dolor convertido en lucha
Pese a las amenazas, el movimiento de las madres buscadoras en Veracruz y en el resto del país ha demostrado una resistencia admirable. Para ellas, detenerse nunca ha sido una opción, pues su motor es el amor hacia sus familiares desaparecidos y el deseo de darles un lugar digno, ya sea en vida o en memoria.
El Colectivo Solecito de Veracruz es una de las agrupaciones más visibles en la entidad y ha logrado descubrir fosas clandestinas con decenas de restos humanos. Estos hallazgos, si bien dolorosos, se convierten en un paso más hacia la verdad y la justicia.
Las buscadoras han transformado su duelo en un movimiento social que exige al Estado mayor responsabilidad y transparencia en la investigación de desapariciones forzadas. Su labor ha puesto sobre la mesa la necesidad de políticas públicas efectivas para garantizar seguridad, atención y justicia a las víctimas y sus familias.
Una lucha que exige solidaridad
La situación de las madres buscadoras en Veracruz es también un llamado a la sociedad civil y a la comunidad internacional. Las amenazas no solo representan un riesgo personal, sino que buscan silenciar la verdad sobre la crisis de desapariciones en México.
Diversos organismos de derechos humanos han insistido en que proteger a las buscadoras no debe reducirse a ofrecer escoltas, sino a garantizar condiciones estructurales de seguridad, combatir la impunidad y desmantelar los vínculos entre autoridades y crimen organizado.
Las madres buscadoras de Veracruz enfrentan un escenario marcado por el miedo y la violencia, pero su compromiso con la verdad y la justicia se mantiene firme. A pesar de las amenazas y la desconfianza hacia las instituciones, continúan marchando, excavando y alzando la voz para visibilizar una problemática que golpea a miles de familias mexicanas.
Su lucha simboliza la resistencia de quienes no se rinden ante el silencio ni la intimidación, recordando que cada búsqueda es un acto de amor y de dignidad. Mientras las amenazas persistan, también persistirá su empeño por encontrar a los desaparecidos y exigir un país en el que ninguna madre deba arriesgar su vida por buscar a un hijo.
