El ataque armado y el incendio de un lote de autos en Monterrey, motivado presuntamente por el «cobro de piso», ha enviado una onda de choque a través de la comunidad empresarial de Nuevo León, generando un clima de incertidumbre y temor que exige una respuesta contundente por parte de las autoridades.
La violencia que estalló el viernes en la Avenida Lincoln no solo cobró vidas humanas; también asestó un duro golpe a la confianza del sector productivo de Monterrey, el motor industrial de México. El ataque a un negocio a plena luz del día, con un nivel de brutalidad extremo y bajo la sombra de la extorsión, es la materialización de la peor pesadilla para cualquier empresario.
El Cáncer de la Extorsión
El «cobro de piso» es un delito que ataca directamente la viabilidad de cualquier empresa, desde el pequeño comercio familiar hasta la gran industria. Impone un impuesto ilegal que merma las ganancias, desalienta la inversión y, en casos extremos como el del lote «Autofiar», se cobra con sangre y fuego.
Al ver las imágenes del ataque, la pregunta que resuena en la mente de cada dueño de negocio en la región es: «¿Podría ser yo el siguiente?». Este miedo generalizado tiene consecuencias económicas tangibles:
- Freno a la inversión: Los empresarios pueden posponer planes de expansión o la apertura de nuevas sucursales.
- Fuga de capitales: En el peor de los casos, algunos podrían optar por trasladar sus operaciones a lugares percibidos como más seguros.
- Aumento de costos: Las empresas se ven forzadas a invertir más en seguridad privada, lo que reduce su competitividad.
La Reacción del Sector Empresarial
Aunque en las horas posteriores al ataque no se registraron comunicados públicos inmediatos por parte de las principales cámaras empresariales como CAINTRA o CANACO, es improbable que el sector permanezca pasivo. La comunidad empresarial de Nuevo León es conocida por su organización y su capacidad de influencia.
Recientemente, las cámaras empresariales respaldaron el nombramiento de la nueva Secretaria de Economía del estado, viendo en ello una oportunidad para «fortalecer la vinculación con el Estado». Este antecedente sugiere que su estrategia ante la crisis actual probablemente se esté desarrollando a través de canales de comunicación directos y de alta presión con el gobierno estatal.
El silencio público inicial puede interpretarse no como indiferencia, sino como una táctica para exigir, a puerta cerrada, acciones y resultados concretos en lugar de emitir declaraciones para la prensa. Lo que el sector empresarial de Monterrey demanda ahora no son palabras, sino una estrategia de seguridad efectiva que les devuelva la confianza para operar, invertir y generar empleos sin el temor de convertirse en la próxima víctima de la extorsión. El verdadero costo de la inseguridad se mide en la pérdida de confianza, un activo mucho más difícil de recuperar que los bienes materiales.
