Guadalajara fantasma tras muerte de El Mencho fue la imagen que marcó el inicio de semana en la capital de Jalisco y su zona metropolitana, luego de la violenta reacción criminal tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. La ciudad amaneció con calles semivacías, comercios cerrados y una movilidad urbana prácticamente paralizada.

Lo que normalmente es un lunes caótico, con tráfico intenso y avenidas saturadas, se convirtió en una postal inusual: vialidades despejadas, transporte público irregular y miles de personas varadas en paraderos esperando rutas que nunca llegaron. La capital jalisciense vivió un escenario atípico, marcado por la incertidumbre y el temor tras los hechos violentos del domingo.
Ciudad fantasma: Calles vacías y transporte colapsado
Desde primeras horas del día, la zona metropolitana presentó un panorama inédito. Universidades y escuelas suspendieron clases, bancos no abrieron y numerosos comercios bajaron cortinas. Las rutas de camiones operaron de forma limitada, mientras que el tren ligero y el macrobús funcionaron con alta saturación y tiempos de espera mucho más prolongados de lo habitual.
Miles de trabajadores quedaron varados intentando llegar a sus centros laborales. Aunque algunas empresas ofrecieron flexibilidad en horarios o justificaron ausencias, la afectación fue generalizada. La movilidad urbana quedó reducida a mínimos históricos, evidenciando la fragilidad de los servicios ante escenarios de violencia extrema.
Guadalajara: Vehículos incendiados y carreteras bloqueadas
Uno de los signos más visibles de la jornada violenta fueron los vehículos calcinados que permanecían en avenidas principales y carreteras de acceso y salida de la ciudad, incluso 24 horas después del llamado “domingo negro”. Decenas de automóviles quemados obstruían la circulación y recordaban la magnitud de la reacción criminal.
La quema de unidades no solo afectó la movilidad, sino que generó una sensación de inseguridad persistente. Conductores que se aventuraron a circular encontraron obstáculos, desvíos improvisados y presencia limitada de autoridades en algunos puntos.
Comercios cerrados y compras de pánico
Los pocos establecimientos que abrieron —principalmente tiendas de abarrotes y de conveniencia— registraron largas filas de personas buscando productos básicos como tortillas, pan, huevo y leche. Las gasolineras permanecieron en su mayoría cerradas, aumentando la incertidumbre.
El mercado de abastos, uno de los centros neurálgicos del suministro en la ciudad, también suspendió operaciones. Esta decisión impactó tanto a mayoristas como a pequeños comerciantes, generando preocupación sobre el abasto en los días siguientes.
La escena recordó a episodios de contingencia sanitaria o desastres naturales, pero en esta ocasión el detonante fue la violencia derivada del operativo contra el líder criminal.
Gobierno abierto, funcionarios ausentes
Mientras el gobierno estatal y los municipios anunciaron que todas las dependencias públicas operarían con normalidad por instrucción del gobernador Pablo Lemus, la realidad fue distinta. Numerosos funcionarios no acudieron a trabajar, incluidos elementos policiales.
En redes sociales, una publicación del mandatario estatal informando sobre una reunión con el gabinete de seguridad generó comentarios críticos por parte de usuarios que cuestionaron la respuesta institucional ante la crisis. La percepción ciudadana reflejó molestia y exigencia de mayor claridad y presencia pública de las autoridades.
Impacto social y percepción de inseguridad
Más allá de los daños materiales, la jornada dejó una profunda huella en la percepción de seguridad. La imagen de una ciudad paralizada, con transporte limitado y comercios cerrados, refuerza la sensación de vulnerabilidad ante la reacción de grupos criminales.
Especialistas advierten que estos episodios tienen efectos psicológicos y económicos inmediatos. La suspensión de actividades académicas y laborales, así como la interrupción en cadenas de suministro, impactan directamente en la dinámica productiva de la región.
La reacción tras la muerte de “El Mencho” demuestra la capacidad de movilización violenta de estructuras criminales aún después de la caída de su principal líder. También evidencia los retos que enfrentan las autoridades para contener efectos colaterales y garantizar estabilidad.
Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país en términos económicos y culturales, vivió un amanecer que contrastó radicalmente con su habitual dinamismo. La normalización de actividades dependerá de la rapidez con la que se retiren los bloqueos, se restablezca el transporte y se recupere la confianza ciudadana.
El episodio deja interrogantes sobre la estrategia de contención y la preparación ante reacciones criminales tras golpes de alto impacto. Por ahora, la postal de una Guadalajara “fantasma” quedará como uno de los efectos más visibles del reacomodo que puede provocar la caída de un líder del crimen organizado.