Extorsión limonera es el eje del caso que sacude nuevamente a Michoacán, luego de que César Alejandro N., alias “El Botox”, aceptara ante un juez federal ser el líder del grupo criminal conocido como Blancos de Troya y dedicarse a extorsionar a productores de limón en la región. La declaración se dio durante su audiencia inicial, realizada de forma remota en los juzgados federales del Altiplano, y sorprendió incluso a su propia defensa, que en reiteradas ocasiones le pidió guardar silencio.

El reconocimiento directo de su papel dentro de la estructura criminal no solo confirma lo que las autoridades ya investigaban, sino que vuelve a poner sobre la mesa el impacto que la violencia organizada tiene sobre sectores productivos clave, como el agrícola, y sobre comunidades que viven bajo presión constante.
Extorsión limonera: El Botox y su confesión ante el juez
Durante la audiencia presidida por el juez federal Mario Elizondo, “El Botox” decidió declarar de manera voluntaria, pese a las advertencias de su abogado. En su intervención, aceptó liderar a los Blancos de Troya y reconoció que su organización obtenía recursos mediante extorsiones al sector limonero, una práctica que ha afectado durante años a productores en distintas zonas de Michoacán.
Sin embargo, el imputado intentó matizar su responsabilidad al afirmar que no es el único grupo criminal que opera en la entidad. Según su versión, en la región también tienen presencia organizaciones como Los J. Múgica, los Caballeros Templarios, Los Reyes, Los Viagras y el Cártel de la Virgen.
“Respeto al pueblo”, la narrativa del líder criminal
Uno de los momentos más polémicos de su declaración fue cuando “El Botox” aseguró que, pese a dedicarse a la extorsión, se considera una persona que “no se está pasando con el pueblo”. Frente al juez, cuestionó por qué las autoridades buscan responsabilizarlo a él como si fuera el único causante de la violencia en Michoacán.
“Yo respeto el trabajo de la gente”, afirmó, en un intento de construir una narrativa en la que se presenta como un actor que impone control, pero no como un agresor directo de la población. Estas declaraciones contrastan de manera directa con los testimonios de productores y comunidades que han denunciado amenazas, cobros ilegales y violencia sistemática.
Blancos de Troya, una red criminal amplia y violenta
De acuerdo con información documentada por la Fiscalía General de la República, los Blancos de Troya no eran un grupo menor. La FGR sostiene que “El Botox” contaba con una red de más de 200 hombres, involucrados en actividades como tráfico de drogas, extorsiones, secuestros, homicidios, elaboración de explosivos y ataques contra la población civil con el objetivo de generar terror.
Este perfil refuerza la idea de que la extorsión al sector limonero no es un delito aislado, sino parte de una estrategia criminal más amplia que combina control territorial, violencia y presión económica sobre actividades productivas clave.
La extorsión al limón, un problema estructural
La extorsión limonera se ha convertido en uno de los símbolos de la crisis de seguridad en Michoacán. Productores han denunciado durante años el pago forzado de cuotas para poder trabajar, transportar o vender su cosecha. En muchos casos, la negativa a pagar ha derivado en amenazas, quema de huertas, bloqueos o asesinatos.
El caso de “El Botox” evidencia cómo estos delitos afectan no solo a individuos, sino a cadenas productivas completas, elevando precios, reduciendo la producción y profundizando la inseguridad económica en comunidades rurales.
Impunidad, fragmentación criminal y el reto del Estado
Las declaraciones del líder de los Blancos de Troya también reflejan otro problema de fondo: la fragmentación del crimen organizado. Al señalar la presencia de múltiples grupos en la misma región, el propio imputado reconoce un escenario donde la disputa territorial y la superposición de cárteles agravan la violencia.
Para las autoridades, el reto no se limita a detener líderes visibles, sino a desarticular redes completas y ofrecer condiciones de seguridad reales para que sectores como el agrícola puedan operar sin amenazas.
Un caso que expone una realidad más amplia
La admisión de “El Botox” ante un juez federal marca un momento relevante en la lucha contra la extorsión en Michoacán, pero también deja claro que el problema va más allá de un solo nombre o un solo grupo criminal. Mientras persistan las condiciones que permiten a estas organizaciones controlar territorios y economías locales, la violencia seguirá afectando a productores y comunidades enteras.
El caso se convierte así en un recordatorio de que combatir la extorsión requiere no solo detenciones, sino una estrategia integral que combine justicia, seguridad y protección efectiva para quienes trabajan la tierra.