En el corazón de la Tierra Caliente, la comunidad de El Guayabo ha sido el epicentro de una intensa ola de violencia. Por séptima noche consecutiva, hombres armados presuntamente vinculados al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) atacaron con explosivos, drones y vehículos blindados artesanales, en un escenario de guerra que supera cualquier ficción.
El ataque más reciente ocurrió entre la noche del miércoles 16 y la madrugada del jueves 17 de julio. En esta ocasión, pobladores armados repelieron la ofensiva del CJNG, logrando abatir a dos presuntos sicarios e incendiar un vehículo tipo “monstruo”, adaptado para el combate.
La cifra total de presuntos sicarios abatidos en una semana asciende a 10, en un conflicto que, lejos de calmarse, se intensifica cada día más.
Autoridades ausentes y comunidades al límite
Mientras el CJNG opera con total impunidad, las autoridades federales y estatales parecen mantenerse al margen. Los habitantes de El Guayabo, así como de comunidades vecinas como El Alcalde, acusan al Ejército Mexicano de no intervenir de forma efectiva.
“Nos están dejando solos. Ellos vienen, se toman la foto y se van. Pero no entran a la sierra donde realmente está la guerra”, afirmó un poblador.
Esta ausencia de respuesta ha obligado a muchos habitantes a armarse y organizar su propia defensa ante la amenaza constante.
El uso de drones y vehículos “monstruo” revela una nueva estrategia del CJNG
Los ataques del CJNG han evolucionado. Ya no se limitan a emboscadas o tiroteos. Ahora incluyen el uso de drones cargados con explosivos y vehículos blindados de fabricación artesanal.
Uno de los incidentes más alarmantes ocurrió el 21 de julio, cuando se lanzó un ataque con drones en la comunidad de El Alcalde dirigido a elementos del Ejército. Afortunadamente, los artefactos no detonaron cerca de los soldados.
Esta estrategia demuestra la capacidad táctica y tecnológica del cártel, así como su intención de dominar el territorio a toda costa.
Violencia extendida y saldo rojo en la región
La violencia no se limita a El Guayabo. El martes pasado, tres presuntos integrantes del CJNG murieron tras manipular explosivos improvisados. Ese mismo día, dos cuerpos con huellas de tortura fueron localizados cerca del monumento a Lázaro Cárdenas, en Apatzingán.
El miércoles por la tarde, en el municipio de Buenavista, un ataque armado dejó herido a un policía municipal, sumando ocho agresiones contra esta corporación desde febrero.
¿Dónde está el Estado?
La ausencia de una estrategia clara de seguridad por parte del gobierno ha puesto a las comunidades rurales en una situación desesperada. La región de Tierra Caliente se ha convertido en una zona de guerra, con civiles atrapados entre el crimen organizado y la omisión del Estado.
Mientras los cárteles libran su batalla por el control territorial, los pobladores claman por ayuda real y efectiva.
Una guerra ignorada
Lo que ocurre en Apatzingán no es un simple episodio de violencia aislada: es el reflejo de una guerra silenciosa, persistente y profundamente arraigada. La indiferencia institucional y la capacidad bélica del CJNG auguran un conflicto prolongado que amenaza con consumir a comunidades enteras.
La pregunta sigue sin respuesta: ¿Cuántos días más resistirán solos?
