El 16 de agosto, el municipio de Temixco, Morelos, fue escenario de un ataque armado que terminó con la vida de Camilo Ochoa, conocido en redes sociales como “El Alucín”. Detrás de la noticia, emerge un testimonio estremecedor: el creador de contenido había denunciado amenazas y persecución meses antes de su muerte, dejando un mensaje póstumo que hoy cobra un nuevo significado.
Un creador entre la fama y la persecución
Con más de 348 mil suscriptores en YouTube, Ochoa se había consolidado como una voz polémica, capaz de mezclar análisis noticioso con fragmentos de su vida personal. Sin embargo, lejos de las cámaras, enfrentaba un escenario oscuro: mensajes intimidatorios, intentos de localización y persecuciones en zonas como Santa Fe y Polanco en la Ciudad de México.
En un video difundido en plataformas digitales, Ochoa aseguró que recibió audios en los que le advertían: “Van por usted, van por una hija, tienen esta dirección de usted…”. También denunció que sus cuentas bancarias y redes sociales habían sido bloqueadas como parte de un operativo en su contra.
La amenaza que señaló Camilo Ochoa
El influencer apuntó directamente a La Mayiza, una facción del crimen organizado, a la que acusó de operar bajo tácticas más violentas que las de Los Zetas. Según sus declaraciones, un comando habría sido enviado desde Quilá hasta la Ciudad de México para asesinarlo durante las festividades decembrinas.
“Ya incendiaron un restaurante en Mazatlán… trato de sobrevivir, de proteger a mi familia. Están peor que los Zetas, son terroristas”, expresó en su mensaje.
¿Quién era realmente “El Alucín”?
La vida de Camilo Ochoa oscilaba entre su faceta pública y sus presuntas conexiones con el Cártel de Sinaloa. De acuerdo con versiones en investigación, podría haber liderado una facción conocida como “La Chapiza”, lo que lo habría convertido en un objetivo de alto valor para grupos rivales.
Un detalle que refuerza esta teoría es un pódcast en el que, hace dos años, reveló ser hijo de Arnoldo de la Rocha, fundador de la cadena Pollo Feliz. De ser cierto, este vínculo lo conectaba con una familia influyente en Sinaloa, aumentando las razones de su persecución.
Un refugio que terminó en tragedia
Tras mudarse de Sinaloa a Cuernavaca y luego a Lomas de Cuernavaca, en Temixco, Ochoa buscaba pasar desapercibido. Sin embargo, las mismas redes sociales que lo hicieron famoso podrían haber revelado su ubicación a sus enemigos.
Su muerte no solo marca el fin de la carrera de un creador de contenido, sino que también expone el frágil límite entre la fama digital y el riesgo mortal que representa el crimen organizado en México.
Las autoridades continúan investigando si su asesinato fue consecuencia de su vida pública como influencer o de sus presuntas ligas con el narcotráfico.
