El nuevo rostro del Infonavit: entre polémica y cambio
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dado un giro radical al Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit). Tras evaluar diversas opciones presentadas por funcionarios de alto nivel, eligió la más disruptiva: eliminar el modelo tripartito que gobernaba al organismo. Esta decisión no solo redefine el papel del Estado en la vivienda, sino que también envía un mensaje contundente sobre cómo gobernará Sheinbaum.
Una reforma con tintes estatistas
Desde su campaña, Sheinbaum dejó entrever una inclinación hacia el fortalecimiento del Estado en áreas clave. En el caso del Infonavit, su postura es clara: los recursos de los trabajadores deben manejarse directamente, sin interferencias de sindicatos o empresas. Esta filosofía estatista es consistente con las raíces de Morena y refleja la intención de maximizar el uso de los fondos en beneficio de los trabajadores.
El trasfondo: corrupción y malversación
En su conferencia matutina, Sheinbaum y Octavio Romero Oropeza, director del Infonavit, detallaron casos de corrupción alarmantes. Entre ellos, la reventa fraudulenta de viviendas en Querétaro, realizadas con complicidad de notarios y funcionarios locales. Aunque combatir la corrupción es una prioridad, la reforma del Infonavit va más allá: busca consolidar el control del gobierno sobre los recursos del instituto, eliminando barreras operativas.
El poder detrás de la decisión
La reforma también refleja una estrategia de poder. Sheinbaum y Romero Oropeza han forjado una relación sólida, basada en objetivos comunes. Romero, conocido por su capacidad técnica y política, logró sortear resistencias internas en el Infonavit y respaldar una reforma que no todos consideraban viable. La colaboración entre ambos ha sido clave para ejecutar esta transformación.
Críticas y desafíos
No todos están de acuerdo con esta reforma. Empresarios y sindicatos, quienes aportan al fondo del Infonavit, han expresado su preocupación por la centralización del poder. Temen que la eliminación del modelo tripartito afecte la transparencia y la eficiencia en el manejo de los recursos.
Además, se cuestiona cómo garantizar que esta medida no derive en los mismos problemas que busca solucionar: burocracia ineficaz y posibles actos de corrupción. Sheinbaum y Romero tendrán que demostrar que pueden ofrecer resultados concretos, con cero tolerancia a irregularidades.
Una apuesta arriesgada pero estratégica
El desmantelamiento del modelo tripartito en el Infonavit no solo es un cambio administrativo, sino también una declaración política. Sheinbaum ha mostrado que está dispuesta a tomar decisiones audaces, sin temor a las críticas. Sin embargo, el éxito de esta reforma dependerá de su capacidad para cumplir con los objetivos prometidos: viviendas accesibles, uso eficiente de los recursos y transparencia total.
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