El país amaneció distinto. La jornada electoral para renovar al Poder Judicial había concluido con una cifra inesperada: 13 millones de personas acudieron a votar. Claudia Sheinbaum, en su primer año como presidenta, no ocultó su entusiasmo: “Apostaron que nadie iba a salir a votar… y no fue así”.
Con una mezcla de orgullo y firmeza, Sheinbaum celebró lo que calificó como una “elección austera, maravillosa y profundamente democrática”. El eco de la participación resonó más fuerte que cualquier campaña de desprestigio. La presidenta recordó que incluso sus propias expectativas eran más bajas: esperaba la misma respuesta que en la consulta sobre los expresidentes, pero el resultado duplicó esa cifra.
Un proceso con legitimidad y rigor
La mandataria detalló cómo fue el proceso: convocatoria abierta, evaluación por juristas, revisión curricular, y un sistema de insaculación que garantizó imparcialidad. “No fue un show mediático. Fue legal, transparente y supervisado”, subrayó.
Frente a las críticas que hablaban de campañas costosas o manipuladas, Sheinbaum fue tajante: “Fueron campañas austeras, esencialmente en redes sociales. Se cumplió con la constitución”.
El mensaje detrás del voto
Además de celebrar el proceso, la presidenta aprovechó para lanzar una crítica directa al actual Poder Judicial, que, en sus palabras, ha demostrado ser más un refugio de privilegios que un bastión de justicia.
En tono firme, denunció que durante su gestión, 169 personas vinculadas a la delincuencia organizada han sido beneficiadas con cambios de medida, algunas incluso liberadas. “¿Ese es el poder judicial que defienden?”, cuestionó. Citó también los 70 amparos otorgados a un solo miembro del crimen organizado y una larga lista de postergaciones para que ciertos personajes paguen sus impuestos.
Pero el golpe más fuerte fue al nepotismo: “El 50% de los miembros del poder judicial son primos, hermanos, cuñados… corrupción avalada desde dentro”, denunció.
Una elección que marca el inicio de una nueva era
Para Sheinbaum, esta elección no fue solo una victoria política, sino un paso histórico hacia la transformación del país. “El pueblo habló. Participó más que nunca. Y lo hizo en un proceso legal, sin escándalos ni fraudes”, afirmó.
La jornada electoral, aunque aún lejos de solucionar los retos estructurales del sistema judicial mexicano, abre un nuevo capítulo en la participación ciudadana y en el control del poder desde las urnas. Es, según la presidenta, una señal clara de que el país avanza hacia una justicia sin privilegios y con la ciudadanía al centro.Y mientras algunos intentan minimizar el impacto, los números hablan por sí solos: más de 13 millones de votos y un proceso democrático sin precedentes.
