Renuncia de Gertz. No era sólo la salida del fiscal general de la República. Era el inicio de un reacomodo institucional que Claudia Sheinbaum confirmó desde Palacio Nacional, revelando que el ahora exfiscal aceptó convertirse en embajador de México en “un país vecino”, aunque sin precisar cuál.
Su carta de dimisión llegó al Senado, y con ella se desencadenó una cadena de reacciones, tensiones entre bancadas y un reacomodo al interior de la Fiscalía General de la República (FGR) que apenas comienza a tomar forma.
El trasfondo político y diplomático detrás de la renuncia de Gertz
La conferencia matutina del 28 de noviembre fue el escenario en el que Sheinbaum, con su estilo directo, confirmó lo que desde la noche anterior ya circulaba: Gertz Manero había dejado el cargo y había aceptado una propuesta diplomática. Ese movimiento, sin embargo, dejaba muchas más preguntas que respuestas.
La mandataria agradeció los años de servicio del exfiscal, pero insistió en que aún no está definido cuál será el país en el que ejercerá como embajador. Al mismo tiempo, reconoció que la FGR necesita una transformación profunda, una declaración que se leyó como una crítica indirecta al modelo rígido y opaco con el que Gertz fue señalado una y otra vez.
En ese escenario, la figura de Ernestina Godoy emergió como pieza clave. Su renuncia como consejera jurídica de la Presidencia y su llegada a la Fiscalía Especial de Control Competencial, un movimiento firmado por el propio Gertz antes de irse, la dejó inmediatamente como encargada de despacho de la FGR. Una decisión que cambió por completo el tablero político.
Un reacomodo legal y político que sorprende al Senado
Aunque Sheinbaum habló de coordinación, reformas y transparencia, el Senado vivía otra batalla. La discusión sobre la renuncia de Gertz se convirtió en una arena política donde Movimiento Ciudadano, PAN y PRI rechazaron que su salida cumpliera con el requisito legal de “causa grave”.
Para la oposición, el argumento del exfiscal —pasar a otra función pública— no justificaba una dimisión aceptable bajo la ley. Clemente Castañeda lo dijo en tribuna con contundencia: “Ser embajador no es una causa grave”.
Ese choque abrió una grieta discursiva entre quienes consideran que la transición es necesaria para modernizar la Fiscalía y quienes ven en la salida de Gertz una irregularidad jurídica.
En medio de ese clima, “renuncia Gertz” se convirtió en más que una noticia: se transformó en un símbolo de disputa por el control de la justicia federal.
La visión de Sheinbaum: una FGR distinta, transparente y más coordinada
Sheinbaum no evitó el tema. Reconoció que la Fiscalía necesita un cambio estructural, particularmente en su relación con el combate al crimen organizado y los delitos financieros. Su mensaje fue claro:
La institución debe dejar atrás opacidades, fracturas internas y disputas personales que durante años marcaron la gestión de Gertz Manero. Por eso insistió en que el Senado tendrá la responsabilidad de elegir a una nueva fiscal o fiscal comprometido con esa transformación.
En ese tono, Ernestina Godoy —figura de confianza del círculo presidencial— tomó un rol determinante. Su llegada, aunque temporal, marca el inicio de una etapa en la que la FGR podría alinearse más estrechamente con el proyecto de gobierno de Sheinbaum.
A mitad del análisis regresa la palabra clave renuncia Gertz
Para ese momento, la conversación pública ya giraba por completo alrededor de la renuncia Gertz y sus efectos inmediatos. No se trataba sólo de un reemplazo administrativo; era un cambio que abría interrogantes sobre la futura relación entre el Ejecutivo, el Senado y la institución encargada de la procuración de justicia en México.
La narrativa final de un cambio que apenas inicia
Al cerrar el día, la frase “renuncia Gertz” seguía en tendencia nacional, no por el simple hecho de que un fiscal dejara el cargo, sino porque su salida reveló la profundidad de las tensiones políticas que rodean a la FGR.
Con un nuevo embajador en camino, una encargada de despacho recién nombrada, un Senado dividido y una mandataria que pide transformar la Fiscalía para volverla más transparente, México entra en una nueva etapa institucional en la que el sistema judicial, la diplomacia y la política se entrelazan como pocas veces antes.
Y así como la historia comenzó con la renuncia Gertz, también termina —al menos por ahora— con esa misma frase marcando el pulso de la conversación nacional.
