Reflexión sobre el voto en México y EE.UU.: Trump, populismo y el futuro de la democracia

voto en México y EE.UU

Democracia, populismo y el “Síndrome de Estocolmo” en México y EE.UU.

La reciente elección de Donald Trump en EE.UU. y la continuidad del proyecto de la 4T en México nos invitan a analizar cómo vota la sociedad. En ambos países, el electorado parece haber optado por el riesgo, el populismo y, en muchos casos, la falta de resultados tangibles. ¿Qué motiva estos votos? ¿Por qué, ante alternativas preparadas y con trayectoria, la población sigue eligiendo proyectos de regresión?

Populismo en tiempos de cambio: el caso de Trump en EE.UU.

La elección de Donald Trump, quien ya ha sido condenado por 34 delitos graves y es señalado por su papel en el intento de autogolpe de Estado de 2021, reabre el debate sobre la calidad de la democracia en los EE.UU. A pesar de su historial, su popularidad ha crecido, especialmente entre grupos que tradicionalmente se verían afectados por sus políticas, como los latinos, mujeres y migrantes.

Para comprender esta decisión, es necesario analizar el fenómeno del populismo y el papel de los medios y la propaganda. Trump ha creado una narrativa polarizante que no solo minimiza sus acciones cuestionables, sino que ha convencido a amplios sectores de la población de que él es la respuesta a sus frustraciones. Aun cuando muchos de sus planes van en contra de los intereses de sus seguidores, su estilo directo y desafiante sigue captando el apoyo de un electorado cansado de la clase política tradicional.

¿Por qué eligen el riesgo y no la experiencia?

La respuesta puede estar en la desconfianza generalizada hacia los políticos y en una constante sensación de frustración por la falta de avances palpables. Tanto en EE.UU. como en México, la política tradicional parece haber fallado en adaptarse a las necesidades de una sociedad moderna, conectada y crítica. Sin embargo, las opciones que ofrecen estabilidad y experiencia, como Kamala Harris en EE.UU. o figuras de la oposición en México, no han logrado movilizar al electorado de la misma forma.

En los EE.UU., la segunda elección de Trump podría indicar un rechazo a la estructura de poder, aun si esto significa apoyar a alguien con un historial tan controvertido. En México, el respaldo a la 4T en las elecciones de 2024 refleja un fenómeno similar: la ciudadanía continúa apoyando un proyecto que, si bien ha prometido justicia social, ha enfrentado múltiples críticas en cuanto a su efectividad en temas de seguridad, economía y transparencia.

La situación en México: el segundo piso de la 4T

En México, el triunfo de la primera Presidenta del país, Claudia Sheinbaum, consolida la continuidad de la llamada “Cuarta Transformación” impulsada por Andrés Manuel López Obrador. A pesar de las deficiencias del actual gobierno, muchas personas ven en Sheinbaum una figura de cambio, alguien que puede dar un giro a los proyectos inconclusos de su predecesor. Sin embargo, la realidad es compleja. Problemas como la corrupción, la inseguridad y la economía estancada siguen siendo una constante, y la promesa de una “transformación” real permanece sin cumplirse.

Los electores de clase media y sectores que han sido golpeados económicamente por las políticas actuales siguen apoyando este proyecto, incluso si eso significa más restricciones y menos oportunidades para ellos mismos. En este contexto, la sociedad mexicana parece optar por un modelo que, aunque no muestra resultados concretos, sigue siendo popular gracias al respaldo y el carisma de figuras como López Obrador.

Los techos de cristal y el rechazo a figuras femeninas de poder

La reelección de Trump y el rechazo hacia figuras femeninas como Kamala Harris y Hillary Clinton sugieren que el género sigue jugando un papel importante en las decisiones del electorado. En EE.UU., a pesar de las múltiples luchas feministas y la visibilidad de líderes femeninas, aún existe resistencia hacia una mujer en la presidencia. Harris y Clinton, ambas con experiencia y proyectos sólidos, no lograron vencer la popularidad de figuras que encarnan ideas más tradicionales de liderazgo.

Síndrome de Estocolmo político: votar contra nuestros propios intereses

Este fenómeno de “votar en contra de uno mismo” plantea la idea de un Síndrome de Estocolmo colectivo. ¿Por qué eligen los latinos en EE.UU. a un líder que amenaza con deportaciones? ¿Por qué los mexicanos de clase media optan por un proyecto que tiende a empobrecer sus condiciones? Una posible respuesta es que el carisma de los líderes populistas y su capacidad de conectar emocionalmente con el público generan una especie de lealtad, incluso cuando las promesas que representan son, en muchos casos, contrarias a los intereses de sus votantes.

El papel de los medios y la propaganda

La influencia de los medios y la propaganda es otro factor que no puede ignorarse. Tanto en EE.UU. como en México, la propaganda ha jugado un papel importante en el establecimiento de narrativas y percepciones sobre las elecciones y los candidatos. En el caso de Trump, su estrategia mediática y la repetición de mensajes polarizantes refuerzan una visión de “nosotros contra ellos” que continúa dividiendo a la sociedad estadounidense. En México, los medios han tenido un papel similar en la consolidación del discurso de la 4T, que presenta a la oposición como “el enemigo” y a su proyecto como el único camino hacia el cambio.

Reflexión final: ¿Estamos perdiendo la brújula democrática?

Las decisiones políticas que vemos en ambos países indican una posible crisis en la democracia moderna. A medida que la tecnología avanza y conecta a la sociedad en tiempo real, las expectativas de los ciudadanos también aumentan. Sin embargo, la calidad de los liderazgos y las opciones políticas parecen estar retrocediendo, ofreciendo promesas vacías y, en muchos casos, alimentando divisiones que terminan afectando a la sociedad.

El reto está en recuperar la confianza en la política y en apostar por proyectos que se construyan con base en la experiencia, el conocimiento y una visión de futuro. La pregunta que queda es: ¿estamos dispuestos a reflexionar y cambiar el rumbo, o seguiremos permitiendo que figuras polarizantes decidan el destino de nuestros países?

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