El Plan México, anunciado con bombo y platillo, promete posicionar a México como una potencia económica mundial. Sin embargo, más allá del espectáculo mediático, el proyecto genera dudas sobre su viabilidad y sobre si las promesas de inversiones millonarias son realmente factibles.
Un espectáculo político con tintes de marketing
El evento de presentación, celebrado en el Museo de Antropología, contó con la presencia de figuras clave como la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard. Ambos subrayaron que el plan es la «carta de navegación» para transformar a México en una economía global de primer nivel.
Sin embargo, la ausencia del secretario de Agricultura durante el anuncio dejó un vacío significativo. ¿Cómo se puede pensar en una potencia económica sin incluir al campo mexicano, un sector clave en las exportaciones y en el desarrollo nacional?
Contradicciones dentro del discurso oficial
Un Plan México, dos visiones económicas
El mismo día del anuncio, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, hablaba en un foro paralelo sobre fortalecer al ejido como pieza clave de la justicia social. Esto contrasta con el enfoque del Plan México, que parece centrarse más en el sector privado y en la atracción de capital extranjero.
- Perspectiva empresarial: Durante el evento, se habló de atraer miles de millones de dólares en inversiones y fomentar una economía «mixta».
- Perspectiva social: Desde otros foros, se insistió en la importancia de los derechos campesinos y subsidios al campo, temas que parecen quedar fuera del plan central.
La desconexión con el campo
Mientras se discuten megaproyectos industriales, el campo mexicano enfrenta problemas como:
- Deudas impagables.
- Falta de precios de garantía para los pequeños productores.
- Debates sobre el uso de maíz transgénico.
La meta de tecnificar 94 mil hectáreas parece una solución mínima frente a los desafíos que enfrenta el sector rural.
Promesas vs. Realidades: ¿Qué tan viable es el Plan México?
Las bases legales ya existen
Aunque el Plan México se presenta como innovador, muchos de sus componentes ya están regulados por la Ley de Asociaciones Público-Privadas, en vigor desde hace más de una década. Este marco legal ya permite proyectos conjuntos entre el gobierno y la iniciativa privada, regulando procedimientos como:
- Concursos públicos.
- Adjudicaciones.
- Propuestas no solicitadas.
Lo nuevo no es la idea de la economía mixta, sino el uso del plan como una herramienta política para mostrar resultados en un entorno económico complicado.
El impacto de la política en el entorno de negocios
¿Qué prefieren los inversionistas?
Una de las frases más destacadas fue la de Altagracia Gómez, quien señaló que invertir en México requiere confianza. Pero las recientes reformas judiciales que promueven la elección de jueces por tómbola o voto popular generan inquietud entre empresarios e inversionistas extranjeros.
- Jueces locales: Pueden ser percibidos como menos imparciales frente a conflictos comerciales.
- Arbitrajes internacionales: Siguen siendo la preferencia para resolver disputas en grandes inversiones.
Mucho ruido, pocas certezas
El Plan México refleja un esfuerzo por proyectar confianza en la economía nacional, pero su implementación enfrenta desafíos reales. Sin un enfoque integral que incluya al campo, la justicia social y una estructura judicial sólida, el plan corre el riesgo de quedarse en un anuncio espectacular sin impacto tangible.
Para que el Plan México sea más que un evento de marketing político, necesita integrar verdaderamente las demandas de los sectores productivos y garantizar un entorno de negocios confiable y justo.
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