Biodiversidad marina: ONU y México protegen altamar

Biodiversidad marina y acuerdo ONU: qué cambia para México

Biodiversidad marina y acuerdo ONU: qué cambia para México

Biodiversidad marina es el concepto clave detrás del nuevo acuerdo internacional que México acaba de promulgar para proteger los océanos más allá de sus fronteras. Con la publicación en el Diario Oficial de la Federación (DOF), el país formalizó su adhesión al Acuerdo de la ONU sobre la Conservación y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica Marina en zonas fuera de la jurisdicción nacional, una decisión que tiene implicaciones ambientales, económicas y geopolíticas de largo alcance.

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Aunque el tema suele parecer lejano, lo que ocurra en altamar impacta directamente en la pesca, el clima, la seguridad alimentaria y el acceso futuro a recursos estratégicos que hoy todavía no se explotan a gran escala.

Biodiversidad marina: Qué es el acuerdo de la ONU y por qué es clave

El acuerdo forma parte del marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y busca regular espacios oceánicos que no pertenecen a ningún país. Se trata de zonas que representan más del 60% de la superficie de los océanos y que, hasta ahora, estaban sujetas a vacíos legales, explotación desordenada y escasa vigilancia.

México aprobó este instrumento en el Senado el 25 de junio de 2025, fue firmado por la presidenta Claudia Sheinbaum el 23 de julio y depositado ante la ONU el 22 de septiembre. Con su entrada en vigor, el país asume compromisos concretos para proteger ecosistemas marinos que son esenciales para la vida en el planeta.

Qué regula el acuerdo sobre biodiversidad marina

Uno de los ejes centrales del acuerdo es el control del acceso a los recursos genéticos marinos, como bacterias, corales y algas que pueden ser utilizados en industrias farmacéuticas, alimentarias y biotecnológicas.

Hasta ahora, estos recursos podían ser aprovechados por empresas o países con capacidad tecnológica, sin mecanismos claros para compartir beneficios. El nuevo marco obliga a que los frutos de esa explotación se distribuyan de manera justa y equitativa, especialmente en favor de países en desarrollo.

Este punto es estratégico, porque la biodiversidad marina es considerada uno de los grandes reservorios económicos del futuro.

Áreas marinas protegidas en altamar

Otro cambio relevante es la posibilidad de crear áreas marinas protegidas en aguas internacionales. Estas zonas podrán establecerse con base en criterios científicos, no políticos, lo que permitirá resguardar ecosistemas frágiles antes de que sean degradados por actividades extractivas.

Para México, este enfoque refuerza su postura histórica de defensa del multilateralismo y la gestión colectiva de bienes comunes, evitando que la altamar se convierta en una “tierra de nadie” dominada por intereses privados.

Evaluaciones ambientales obligatorias

El acuerdo exige evaluaciones de impacto ambiental antes de autorizar actividades en altamar. Esto incluye exploración científica, minería submarina, instalación de infraestructura o proyectos de bioprospección.

Este requisito busca frenar daños irreversibles en ecosistemas que tardan siglos en recuperarse. También introduce un principio clave: la prevención, es decir, no esperar a que ocurra el daño para actuar.

Para el sector productivo, esto implica reglas más claras, pero también mayores responsabilidades y costos de cumplimiento.

Cooperación internacional y transferencia tecnológica

El documento promueve la cooperación científica, el intercambio de información y la transferencia de tecnología. Esto permitirá que países con menos recursos accedan a capacitación, datos oceanográficos y herramientas para participar en la protección y uso sostenible del océano.

Además, se contemplan mecanismos financieros solidarios, diseñados para evitar que la conservación dependa exclusivamente del poder económico de unas cuantas naciones.

Por qué este acuerdo importa para México

México es un país con vocación marítima: tiene más de 11 mil kilómetros de litoral, depende de los océanos para la pesca, el turismo y la regulación climática. Proteger la biodiversidad marina en altamar no es un gesto simbólico, sino una inversión en estabilidad futura.

El acuerdo también posiciona a México como un actor comprometido con la agenda ambiental global, en un contexto donde el deterioro de los océanos ya afecta fenómenos como huracanes, corrientes marinas y disponibilidad de alimentos.

Un paso estratégico, no solo ambiental

La entrada en vigor del acuerdo marca un cambio de paradigma: la altamar deja de ser un espacio sin reglas claras. Para México, esto significa anticiparse a conflictos futuros, proteger recursos estratégicos y fortalecer su voz en decisiones globales.

La biodiversidad marina ya no es solo un tema ambiental; es un asunto de soberanía compartida, desarrollo y seguridad a largo plazo.

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