Tras las elecciones presidenciales de este año, Morena se ha consolidado como una fuerza política hegemónica, evocando inevitablemente al PRI de los años dorados. Control total del Congreso, influencia en el Poder Judicial y programas sociales masivos son paralelismos que no pasan desapercibidos.
Sin embargo, al igual que el PRI, Morena podría estar sembrando las semillas de su propia destrucción. ¿El problema? Una combinación de dependencia económica insostenible, disputas internas y un liderazgo que se resiste al cambio.
1. Un poder absoluto, pero frágil
El PRI en su época controlaba todos los órganos de poder. Desde la Presidencia hasta las elecciones, todo respondía a un sistema diseñado para perpetuar su dominio. Morena no es diferente:
- Control del Congreso: Morena tiene la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución a su favor.
- Poder Judicial bajo presión: Aunque el INE y la SCJN han resistido ciertos embates, las reformas recientes buscan reducir su autonomía.
- Programas sociales como base de apoyo: Al igual que el PRI utilizó subsidios y programas de desarrollo, Morena depende de sus políticas sociales para mantener a su base.
Pero, ¿qué sucede cuando la economía no puede sostener esta estructura?
2. La economía: El talón de Aquiles de los regímenes hegemónicos
El precedente del PRI
Durante los gobiernos previos a Miguel de la Madrid, las políticas económicas mal gestionadas llevaron al país a una crisis sin precedentes. La hiperinflación y la devaluación de la moneda sacudieron las bases del régimen.
¿Morena repite el error?
Hoy, el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta desafíos similares:
- Crecientes gastos sociales: Las pensiones y programas sociales son esenciales para sostener su base, pero podrían resultar insostenibles a largo plazo.
- Falta de reforma fiscal: Sin una política fiscal eficiente, la capacidad de recaudar ingresos para financiar estos gastos es limitada.
- Dependencia del petróleo: Aunque AMLO enfatizó la autosuficiencia energética, los ingresos petroleros no son suficientes para cubrir las necesidades presupuestarias.
3. Las disputas internas: El enemigo en casa
Al igual que el PRI sufrió divisiones internas, Morena enfrenta tensiones entre sus líderes moderados y los más radicales. Figuras como Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal han mostrado descontento con la línea dura del partido, lo que podría generar una fragmentación en el futuro cercano.
4. El peso de la ideología: Un partido atrapado en su origen
Para sobrevivir, Morena tendría que evolucionar hacia un modelo político más moderno, como los gobiernos socialdemócratas europeos. Sin embargo, eso implicaría:
- Rediseñar sus programas sociales para hacerlos más sostenibles.
- Promover alianzas con el sector privado, dejando de lado la hostilidad económica.
- Adoptar reformas fiscales estructurales, incluso si eso contradice su discurso actual.
El problema radica en que negar su origen ideológico podría alienar a su base más fiel, dejando al partido en un limbo político.
5. ¿Es inevitable el declive de Morena?
La historia sugiere que ningún régimen político hegemónico es eterno. Morena, como el PRI en su momento, está avanzando hacia una posible crisis fiscal que podría sacudir sus estructuras de poder.
Posibles escenarios:
- Reforma interna: Morena podría rediseñar su estrategia política y económica para adaptarse a los desafíos del siglo XXI.
- Fragmentación interna: Las tensiones entre los líderes del partido podrían dar lugar a nuevas divisiones políticas.
- Crisis económica: Una crisis fiscal podría erosionar el apoyo popular, dejando al partido vulnerable en futuras elecciones.
¿El PRI del siglo XXI?
Morena parece estar siguiendo un camino familiar, construido sobre una hegemonía política, una economía frágil y un liderazgo ideológicamente rígido. Sin cambios sustanciales, el partido podría enfrentar un destino similar al del PRI: una pérdida gradual de poder debido a crisis internas y externas.
La única salida real es un giro hacia una izquierda moderna, basada en políticas económicas sostenibles y en una apertura al sector privado. Sin embargo, como ocurrió con el PRI, Morena podría encontrar que el cambio no solo es difícil, sino que también podría ser demasiado tarde.
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