Desde las elecciones de 2018, la pregunta sobre si México podría convertirse en Venezuela ha resonado con fuerza en debates políticos y ciudadanos. La llegada de López Obrador al poder marcó un cambio histórico en la conducción del país, pero también generó inquietudes entre quienes advertían que sus políticas y decisiones podrían llevarnos por un camino similar al que vivió Venezuela con Hugo Chávez y, más tarde, con Nicolás Maduro.
Hoy, a siete años de aquel debate inicial, es momento de reflexionar: ¿qué tan reales son esas comparaciones y qué riesgos enfrenta México en su democracia?
Del cambio prometido a la concentración del poder
En 2018, el triunfo de López Obrador representó una apuesta por el cambio. Muchos ciudadanos, cansados de un sistema marcado por la corrupción y la desigualdad, decidieron darle un voto de confianza. Sin embargo, los resultados no han sido los esperados.
En lugar de fortalecer sectores clave como la salud, la educación o la seguridad, los recursos fueron redirigidos hacia programas sociales que, aunque populares, han sido criticados por garantizar lealtades políticas más que generar desarrollo sostenible. Además, el financiamiento de estos programas ha implicado un endeudamiento sin precedentes y el uso de los ahorros de años anteriores.
El verdadero punto de quiebre, sin embargo, no radica en las políticas económicas, sino en la destrucción institucional. En sus primeros años, el gobierno de López Obrador debilitó organismos autónomos, concentró el poder en la figura presidencial y redujo los contrapesos democráticos.
Lecciones de Venezuela: un camino que debemos evitar
La historia reciente de Venezuela ofrece un espejo inquietante. Bajo el mandato de Hugo Chávez, el país experimentó una transformación radical:
- Se eliminaron los contrapesos democráticos.
- El poder se concentró en la figura presidencial.
- Los procesos electorales fueron manipulados.
Con la llegada de Nicolás Maduro, esta dinámica se intensificó, culminando en un régimen autoritario sostenido por alianzas con grupos militares y delictivos, y una economía colapsada.
México, con una economía más sólida y diversificada, no parece destinado a replicar el colapso económico de Venezuela. Sin embargo, los paralelismos en términos de concentración de poder y debilitamiento democrático son motivo de preocupación.
Elecciones: el punto de inflexión
En México, las elecciones de 2024 marcaron un nuevo escenario político. Aunque los comicios fueron oficialmente reconocidos, las denuncias de fraude y la falta de transparencia dejaron una sombra sobre el proceso.
La reciente reforma electoral propuesta por la presidenta Claudia Sheinbaum, que busca modificar la representación plurinominal y otros aspectos del sistema electoral, ha generado temores sobre la posibilidad de un control absoluto del Congreso por parte de Morena.
Resistencia y esperanza: el ejemplo venezolano
A 26 años de la llegada de Chávez al poder, Venezuela enfrenta un momento crucial. La resistencia de figuras opositoras como Edmundo González y María Corina Machado demuestra que, incluso en los contextos más adversos, es posible organizarse y luchar por la democracia.
En México, la sociedad civil, las organizaciones ciudadanas y los partidos de oposición tienen un papel fundamental para mantener vivos los contrapesos y defender la pluralidad.
La democracia como un esfuerzo constante
México no es Venezuela, pero el riesgo de concentrar el poder y debilitar las instituciones democráticas es real. El cambio de régimen que hemos vivido en los últimos años nos llama a reflexionar sobre la importancia de defender los valores democráticos y evitar los errores del pasado.
Al igual que en Venezuela, el futuro de nuestra democracia depende de una ciudadanía informada, crítica y participativa.
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