
Funcionaria del OAJ cesada tras denunciar uso ilegal de usuario
En el corazón del Órgano de Administración Judicial (OAJ), una institución creada en el marco de la llamada Cuarta Transformación, se desató una controversia que deja al descubierto el peso de la integridad frente al poder. Erika Cleotilde Méndez Ríos, hasta hace unos días directora de Movimientos de Personal, fue cesada de su cargo después de presentar una denuncia interna que sacudió los cimientos del organismo.
La historia comienza con un acto que parece simple, pero que encierra un fondo grave: un subdirector, identificado como Pedro Tapia Tajonar, habría usado la clave de usuario de una funcionaria sin su consentimiento para realizar registros administrativos en el sistema interno del OAJ. Lo hizo, según la denuncia, por “órdenes superiores”.
La denuncia que desató el conflicto
En un video que circula entre los empleados del organismo, Méndez Ríos explica con voz firme los motivos de su despido. Con papeles en mano y frente a su equipo, relata que fue separada del cargo tras denunciar el uso indebido de una cuenta institucional. “Hice una denuncia de un acta de hechos en donde denuncié que Pedro Tajonar ocupó el usuario de Guadalupe para hacer un registro de áreas administrativas, sin mi consentimiento, por indicaciones de la maestra”, dice.
Fuentes internas señalan que la “maestra” mencionada sería Laura Sandra Hasbach Melchor, directora general de Recursos Humanos del OAJ, quien habría ordenado las acciones. De confirmarse, el caso no solo implicaría un uso irregular de credenciales, sino también una posible instrucción jerárquica para manipular registros administrativos.
“Este es el precio de decir la verdad”
La grabación no solo exhibe el acto de denuncia, sino también la valentía de quien se rehúsa a guardar silencio. Con voz entrecortada, Méndez Ríos afirma: “Lamentablemente a la gente buena se le castiga, este es el precio de decir la verdad. Este es el precio de ser de una sola pieza”.
Durante su despedida, la exdirectora dirigió palabras de aliento a su equipo, exhortándolos a mantener la integridad ante cualquier presión. “Hay cosas que no se negocian en la vida. La mentira y la corrupción son una de ellas”, expresó con firmeza.
Su discurso se volvió un llamado ético dentro del Poder Judicial, donde las denuncias internas suelen ser silenciadas por miedo a represalias. Sin embargo, Méndez Ríos optó por irse con la cabeza en alto, afirmando que “prefiere perder su puesto antes que traicionar sus valores”.
El trasfondo del Órgano de Administración Judicial
El OAJ fue creado recientemente como parte de las reformas impulsadas por la 4T para reorganizar los procesos internos del Poder Judicial. Su propósito es administrar de manera más eficiente los recursos humanos y materiales del Consejo de la Judicatura Federal. Sin embargo, este caso revela posibles grietas en el sistema que prometía mayor transparencia.
Una fuente extraoficial mencionó que los registros hechos con la clave usurpada podrían estar relacionados con altas en el kárdex del Poder Judicial, lo que habría permitido pagos indebidos o movimientos administrativos no autorizados. Si la Contraloría interna confirma esta información, el caso podría escalar a un nivel de investigación más amplio.
Una trayectoria marcada por el compromiso
Antes de su salida, Erika Méndez Ríos acumulaba seis años de experiencia en la administración judicial, primero como coordinadora técnica y luego como directora en la Dirección de Recursos Humanos del Consejo de la Judicatura Federal.
En su despedida, recordó que su paso por el servicio público le dejó aprendizajes de todo tipo: “Tuve la bendición de conocer a grandes personas, y también a personas muy feas, que me enseñan lo que uno no debe ser en la vida”.
Sus palabras, cargadas de honestidad y resignación, se viralizaron entre sus compañeros y en redes internas del Poder Judicial, donde muchos las interpretaron como un símbolo de resistencia ante las presiones jerárquicas.
El valor de la integridad en tiempos de poder
Más allá del caso administrativo, el despido de Méndez Ríos pone sobre la mesa una pregunta urgente: ¿qué espacio tiene la ética en las estructuras públicas cuando el poder decide castigar a quien denuncia?
Su historia no solo expone una posible irregularidad dentro del OAJ, sino también una práctica que afecta a miles de servidores públicos en México: la represión del inconforme, del que se atreve a hablar.
En su último mensaje, la exdirectora dejó una frase que resonó entre quienes la escucharon: “La integridad no se compra ni se negocia. Es lo único que nadie puede quitarte”.