¿Cuándo perderá Morena? Factores clave para su hegemonía política

¿Cuándo perderá Morena? Factores clave para su hegemonía política

Desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia en 2018, el panorama político mexicano ha vivido un cambio radical. Con un discurso renovador y un enfoque en la centralización del poder, Morena ha consolidado una hegemonía política que recuerda al PRI del siglo XX.

Los paralelismos son claros:

  • Centralización del poder: El presidente en turno es el eje de las decisiones.
  • Corporativismo: Un partido que concentra fuerzas de múltiples sectores sociales.
  • Lenguaje renovado: Aunque los términos y estrategias son diferentes, la base operativa sigue patrones similares a los de la «Dictadura Perfecta» descrita por Mario Vargas Llosa.

Pero, como ocurrió con el PRI en los años 80 y 90, la pregunta no es si Morena perderá el poder, sino cuándo y cómo sucederá.


Lecciones del pasado: ¿qué derrumbó al PRI?

La caída del PRI como fuerza hegemónica no ocurrió de la noche a la mañana. Fue el resultado de un desgaste interno, acompañado por el surgimiento de una oposición organizada.

Factores clave:

  1. División interna: En 1987, la salida de figuras como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez marcó el inicio de una nueva etapa. La creación del PRD debilitó al PRI desde dentro.
  2. Descontento social: El hartazgo por la falta de pluralismo y la corrupción impulsó a los votantes a buscar alternativas.
  3. Oposición organizada: El PAN supo capitalizar los errores del PRI y se consolidó como una fuerza competitiva.

¿Qué podría llevar a la caída de Morena?

Hoy, la oposición parece estar lejos de representar una amenaza real. El PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano enfrentan crisis internas y carecen de un liderazgo unificado. Sin embargo, el mayor peligro para Morena proviene de sí mismo.

1. División interna

Al igual que el PRI, Morena podría enfrentar rupturas si los liderazgos clave se distancian del proyecto central. Con figuras ambiciosas como Claudia Sheinbaum, Ricardo Monreal y otros con aspiraciones presidenciales, las tensiones son inevitables.

2. Desgaste del poder

El poder prolongado puede generar descontento social, especialmente si las promesas de transformación no se cumplen o si los problemas de corrupción, inseguridad y desigualdad persisten.

3. Nuevas generaciones de votantes

Los jóvenes que votaron por Morena en 2018 podrían buscar alternativas en el futuro, especialmente si perciben que el partido no ha cumplido con sus expectativas.

4. Auge de una oposición renovada

Aunque actualmente luce desorganizada, la oposición podría aprovechar los errores de Morena para unificar sus fuerzas y construir una narrativa convincente.


¿Cuándo podría suceder?

La verdadera prueba para Morena será en los próximos ciclos electorales. Si logra mantener la unidad interna y controlar los conflictos entre sus líderes, podría conservar el poder más allá de 2030. Sin embargo, la historia política de México sugiere que la división es inevitable en un partido hegemónico.

Escenarios posibles:

  • División en 2030: Una elección interna polarizante podría abrir la puerta a rupturas.
  • 2036 y más allá: El desgaste acumulado podría llevar a una fragmentación, similar a la del PRI en los años 90.
  • Permanencia hasta 2090: Aunque improbable, la hegemonía podría extenderse si Morena encuentra formas de renovarse y adaptarse a los cambios sociales.

¿Y la oposición?

El PRI, PAN y MC enfrentan una crisis de identidad. Para competir, necesitan:

  1. Un liderazgo sólido y carismático.
  2. Una narrativa renovada que conecte con los votantes.
  3. Unidad frente a Morena, en lugar de fragmentación interna.

Reflexión final: la hegemonía tiene un límite

La fuerza de Morena radica en su capacidad para mantenerse unido, pero también es su mayor debilidad. La historia ha demostrado que ningún partido hegemónico es eterno.

El futuro político de México no depende únicamente de Morena, sino también de la capacidad de la oposición para organizarse y ofrecer una alternativa viable.

Mientras tanto, el tiempo corre, y con él, la oportunidad de que Morena defina su legado: un movimiento transformador o una fuerza que sucumbe a sus propios conflictos internos.

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