En la ciudad surcoreana de Gyeongju, la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) concluyó con un gesto diplomático que promete reconfigurar la geopolítica asiática. El presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo surcoreano, Lee Jae-myung, protagonizaron una reunión que marcó el cierre de una intensa jornada de acuerdos y mensajes de apertura.
El ambiente era solemne, pero optimista. Tras una década sin visitas oficiales, Xi regresó a Corea del Sur en un momento de tensiones comerciales globales y desafíos de seguridad en la península coreana. Lee, recién consolidado como líder regional, buscó equilibrar la relación con China sin debilitar los lazos estratégicos con Estados Unidos.
Ambos líderes se sentaron frente a frente con un objetivo común: reactivar el diálogo, impulsar el libre comercio y estabilizar una región cada vez más interdependiente.
Un nuevo tono en la diplomacia asiática
La reunión entre Xi y Lee simboliza un cambio de tono en las relaciones asiáticas. Durante años, la desconfianza mutua marcó los vínculos entre ambos países, sobre todo tras el despliegue del sistema antimisiles THAAD en 2016. Hoy, el mensaje es distinto: cooperación sobre confrontación.
China busca consolidar su papel como potencia estabilizadora, mientras Corea del Sur aspira a fortalecer su liderazgo tecnológico y diplomático en Asia-Pacífico. Ambos reconocen que el comercio y la innovación deben ser la base de una relación más pragmática y menos ideológica.
En los pasillos del APEC, se habló de proyectos conjuntos en inteligencia artificial, energía verde y conectividad digital. Los equipos de ambos gobiernos firmaron memorandos de entendimiento para fortalecer las cadenas de suministro y proteger las inversiones frente a futuras crisis.
La sombra de Corea del Norte
Uno de los temas más delicados fue la desnuclearización de la península coreana. Lee Jae-myung reiteró su compromiso con la paz y pidió a Xi Jinping apoyo diplomático para reactivar el diálogo con Pyongyang. Aunque China mantiene su influencia sobre el régimen norcoreano, el mensaje fue claro: la estabilidad regional requiere esfuerzos conjuntos y respeto mutuo.
Pyongyang respondió con declaraciones desafiantes, pero el gesto diplomático entre Seúl y Beijing envió una señal de que la cooperación aún es posible. La reunión fue interpretada como un intento de ambos países por evitar que la tensión escale y por demostrar que la diplomacia puede abrir caminos donde la confrontación ha fracasado.
Asia-Pacífico: entre la rivalidad y la integración
La cumbre del APEC 2025 no solo sirvió para cerrar acuerdos comerciales; fue también un escenario donde se midió la influencia de las potencias. Con Estados Unidos ausente en las sesiones finales, Xi Jinping se posicionó como figura central del foro, defendiendo el libre comercio y la integración regional.
Lee Jae-myung, por su parte, llamó a construir un “nuevo orden económico inclusivo”, invitando a los países del Pacífico a fortalecer el multilateralismo frente al proteccionismo. Su mensaje fue aplaudido por líderes que ven en Corea del Sur un socio moderno y equilibrado entre las dos grandes potencias.
El cierre de la cumbre simbolizó algo más que el fin de una agenda diplomática: representó un punto de inflexión para Asia, donde las alianzas estratégicas podrían definir el futuro del comercio, la tecnología y la estabilidad global.
