El cielo gris de Moscú parecía presagiar un momento crucial en la historia diplomática global. Xi Jinping, líder del régimen chino, descendió los escalones del Gran Palacio del Kremlin con una sonrisa contenida, mientras Vladimir Putin lo esperaba con los brazos abiertos. No era una visita cualquiera. Era una declaración de poder en plena conmemoración del 80 aniversario de la victoria soviética sobre el nazismo, y en el tercer año de la invasión rusa a Ucrania.
Putin no disimuló su entusiasmo. “Estoy muy feliz de este nuevo encuentro”, dijo frente a cámaras, evocando su cercanía con el presidente chino. Lo que se gestaba no era solo una ceremonia: era la consolidación de una alianza estratégica frente al mundo occidental.
De la memoria histórica a la ofensiva geopolítica
Ambos mandatarios apelaron a la memoria compartida de sus pueblos. Las cifras fueron impactantes: 27 millones de soviéticos y 37 millones de chinos muertos en la Segunda Guerra Mundial. Putin aprovechó para justificar su narrativa sobre la guerra en Ucrania, invocando nuevamente el objetivo de “desnazificación”.
Xi, por su parte, lanzó un mensaje claro: “Frente al comportamiento hegemónico de intimidación, China trabajará con Rusia para asumir las responsabilidades de las grandes potencias”. El mensaje era directo hacia Estados Unidos y Europa, consolidando un bloque alternativo con fuerte carga ideológica y económica.
Un acuerdo económico sin precedentes
Lo más impactante de la jornada no estuvo en los desfiles ni en los discursos, sino en los acuerdos firmados. Se anunció una alianza económica de más de 200.000 millones de dólares, centrada en energía, inversiones y manufactura.
Putin reveló que Rusia lidera ahora las exportaciones de petróleo y gas a China, y anunció la construcción de un nuevo gasoducto que estará listo en 2027. Además, Rusia se ha convertido en el mayor importador mundial de coches chinos, con fábricas trasladándose al territorio ruso.
“Este acuerdo es un impulso gigantesco a nuestra cooperación”, afirmó Putin. La relación deja de ser una necesidad táctica y se transforma en una dependencia estratégica mutua.
Celebraciones bajo fuego cruzado
Mientras en la Plaza Roja una guardia de honor china se preparaba para desfilar, el conflicto en Ucrania no daba tregua. Bombas guiadas impactaron la región de Sumy, rompiendo el alto el fuego anunciado por Putin. Desde Kiev, Zelensky denunció el “desfile de cinismo” de Moscú.
La guerra no se detiene, pero tampoco lo hace la diplomacia. Xi Jinping prometió asistir en septiembre a los festejos chinos por la victoria contra Japón, en lo que se perfila como un nuevo eje del poder global entre Pekín y Moscú.
Síguenos en nuestro perfil de X La Verdad Noticias y mantente al tanto de las noticias más importantes del día.
