En Pekín, el presidente Xi Jinping envió un mensaje que volvió a sacudir el tablero político del Estrecho de Taiwán. A través de un comunicado, instó a redoblar esfuerzos para alcanzar la “reunificación nacional”, un objetivo histórico del gobierno chino que vuelve a colocarse en el centro del discurso político asiático.
La ocasión no fue casual. Su mensaje coincidió con la elección de Cheng Li-wun como nueva líder del Kuomintang (KMT), principal partido de oposición en Taiwán. Su victoria simboliza un cambio interno dentro del panorama político taiwanés, ya que el KMT ha sido tradicionalmente el puente más cercano entre Taipéi y Pekín.
Un mensaje con doble intención
El gesto de Xi combina diplomacia y presión estratégica. Al felicitar a la nueva líder, también la invitó a fortalecer una “base política común” con China continental. El trasfondo es claro: Pekín busca reconstruir canales de diálogo con sectores de la política taiwanesa más abiertos a la cooperación.
Sin embargo, desde Taipéi, la respuesta fue cautelosa. Cheng se refirió a los habitantes de ambos lados del Estrecho como “miembros de una misma nación china”, aunque sin hacer mención directa a una reunificación política. Esa frase, ambigua pero calculada, busca mantener la puerta abierta al diálogo sin provocar a la opinión pública local, que valora su autonomía democrática.
Tensión persistente entre Pekín y Taipéi
Las relaciones entre ambos gobiernos atraviesan uno de sus momentos más delicados. Pekín considera a Taiwán parte de su territorio y ha incrementado su presencia militar cerca de la isla, mientras que el gobierno taiwanés insiste en su derecho a decidir su propio futuro.
El presidente Lai Ching-te, del Partido Democrático Progresista (DPP), ha defendido la independencia de facto de la isla y ha rechazado cualquier diálogo condicionado. Este enfrentamiento ideológico y político se refleja en cada comunicado, cada elección y cada gesto diplomático entre las dos partes.
China acusa a Estados Unidos de ciberataques
En paralelo, Pekín acusó a Washington de realizar ataques cibernéticos contra una institución científica china entre 2022 y 2024. Según las autoridades, dichas acciones habrían afectado infraestructuras clave de telecomunicaciones, intensificando aún más las tensiones geopolíticas globales.
Estas acusaciones forman parte de un patrón más amplio en el que China denuncia presuntas operaciones de espionaje tecnológico y digital por parte de potencias occidentales. En respuesta, Estados Unidos y sus aliados han advertido sobre campañas de ciberespionaje atribuidas a actores chinos, lo que mantiene el clima de desconfianza entre ambas potencias.
El tablero geopolítico y los riesgos de la retórica
El llamado de Xi Jinping puede entenderse como un movimiento calculado dentro de una estrategia de largo plazo. Con el KMT al frente de un discurso más conciliador, Pekín intenta acercar posiciones políticas sin renunciar a su narrativa de soberanía.
No obstante, el equilibrio es frágil. Cada palabra sobre “reunificación” o “autonomía” puede alterar la estabilidad del Estrecho de Taiwán, una de las zonas más sensibles del planeta. Los próximos meses serán clave para observar si este nuevo acercamiento deriva en un diálogo efectivo o en una nueva fase de confrontación.
El mensaje de Xi Jinping no es un acto aislado, sino parte de una estrategia de influencia a largo plazo. China apuesta por el poder político y simbólico del Kuomintang para mantener viva su meta de reunificación, mientras Taiwán reafirma su autonomía.
El futuro del Estrecho dependerá de la habilidad de ambas partes para equilibrar intereses nacionales, presiones externas y la voz del pueblo taiwanés. En el fondo, la historia sigue siendo la misma: dos visiones que se enfrentan por un mismo territorio, pero con destinos cada vez más distintos.
