La Universidad Nacional Autónoma de México vive un nuevo punto de inflexión. En medio de paros, protestas y un ambiente de incertidumbre, el investigador Imanol Ordorika lanzó un mensaje que busca abrir una reflexión colectiva: no es momento de pedir el regreso a la “normalidad”, sino de transformar profundamente la universidad pública más grande del país.
Su declaración surge como respuesta a un pronunciamiento firmado por más de 400 académicos e investigadores, quienes expresaron preocupación por lo que llamaron “acoso” hacia la institución y pidieron restablecer las actividades en los planteles. Ordorika, en cambio, sostiene que el verdadero riesgo no está en los paros, sino en ignorar las causas estructurales que los provocan.
Una universidad en debate: entre el cambio y la resistencia
Ordorika, especialista en educación superior y movimientos sociales, ha sido una voz crítica y constante dentro de la UNAM. En su carta pública, reprochó que el llamado a “volver a la normalidad” ignore las demandas de seguridad, equidad y justicia que los estudiantes y profesores vienen planteando desde hace años.
“Levantar los paros no resolverá los problemas”, sostiene el académico, quien considera que hacerlo sería “negar la urgencia de una transformación institucional”. Para él, la universidad enfrenta un desafío histórico: reinventarse para responder a las realidades actuales sin perder su esencia pública, crítica y social.
El temor al cambio: la ambigüedad del “asedio”
Uno de los puntos más polémicos del debate es la afirmación de algunos grupos de que la UNAM “está bajo asedio”. Ordorika considera que esa expresión es alarmista y ambigua, y que más bien genera miedo y confusión dentro de la comunidad universitaria.
Desde su perspectiva, no hay una fuerza externa que busque destruir la universidad, sino una crisis interna que exige autocrítica y apertura. Por eso, su propuesta no es volver al pasado ni cerrar filas, sino abrir espacios de diálogo donde estudiantes, docentes y trabajadores puedan ser escuchados.
De la protesta al aprendizaje colectivo
En lugar de condenar los paros, Ordorika invita a verlos como una oportunidad. Propone un ejercicio de escucha activa y empatía, en el que la comunidad universitaria reflexione sobre las causas que llevaron a los jóvenes a manifestarse: violencia de género, falta de representación, inseguridad en los campus y desigualdades internas.
Para él, la UNAM debe ser un laboratorio de transformación social, donde las voces críticas no sean silenciadas, sino integradas en la construcción de una universidad más justa, segura y participativa.
Una nueva etapa para la universidad nacional
Más que una crisis, este momento representa una oportunidad histórica. Si la UNAM logra convertir el descontento en aprendizaje y las protestas en propuestas, podría consolidarse como un modelo de universidad democrática del siglo XXI.
La “normalidad” a la que muchos aspiran —según Ordorika— no puede ser la meta final, porque esa normalidad ya no funciona. El futuro, dice, debe construirse desde la crítica, la inclusión y la transformación profunda de sus estructuras.
