La relación entre Washington y Caracas volvió a encenderse tras revelarse que el presidente Donald Trump autorizó a la CIA a ejecutar operaciones encubiertas en Venezuela. En respuesta, el gobierno de Nicolás Maduro inició este viernes un despliegue acelerado de inteligencia, contrainteligencia y defensa militar, elevando el riesgo de un choque regional.
¿Qué está pasando en Venezuela?
La vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció la captura de un “grupo mercenario” supuestamente vinculado con la CIA. Según sus declaraciones, se habría detectado un presunto “ataque de falsa bandera” en aguas cercanas a Trinidad y Tobago con el objetivo de detonar un enfrentamiento militar.
Rodríguez no ofreció evidencias públicas y, hasta ahora, Washington no ha confirmado ni desmentido las acusaciones. Sin embargo, el mensaje fue claro: Caracas considera que hay una operación extranjera en marcha.
La postura de Trump
Pocos días después, Trump declaró en la Casa Blanca que el régimen venezolano ha causado “un daño tremendo” a los Estados Unidos, enfocándose en el narcotráfico y la migración. Aunque dejó abierta la posibilidad de una salida negociada, enfatizó que Venezuela representa una amenaza para la seguridad nacional.
Fuentes citadas por The New York Times confirmaron que Trump dio luz verde a nuevos planes encubiertos de la CIA para “preparar el terreno” para acciones futuras.
Operación Lanza del Sur y despliegue militar
Paralelamente, el secretario de Guerra, Peter Hegseth, anunció la “Operación Lanza del Sur”, una estrategia dirigida a eliminar “narcoterroristas” del hemisferio occidental. La llegada al Caribe del portaaviones USS Gerald Ford reforzó la presencia militar estadounidense en la zona.
Ante ello, el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, anunció un despliegue masivo de fuerzas terrestres, marítimas y sistemas de misiles alrededor de puntos estratégicos del país.
Analistas del Small Wars Journal describen el sistema de contrainteligencia de Venezuela como una estructura altamente centralizada y diseñada más para la protección del régimen que para la defensa exterior.
El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional monitorea opositores, periodistas y organizaciones civiles. Opera centros de detención como “El Helicoide” y “La Tumba”, conocidos por prácticas de privación sensorial e interrogatorios prolongados.
La Dirección General de Contrainteligencia Militar supervisa constantemente a la FANB para prevenir rebeliones o deserciones. Su unidad de élite, la DAE, es señalada por detenciones de alto valor y el manejo del centro clandestino conocido como “Casa de los Sueños”.
El Centro Estratégico para la Seguridad y Protección de la Patria centraliza información proveniente de todas las agencias. Puede clasificar datos como “secretos” o “confidenciales”, reforzando el control informativo del Estado.
Informes apuntan además al uso de tecnología SORM de origen ruso, que permite monitorear llamadas, mensajes y tráfico digital en todo el país.
A pesar de su retórica, Venezuela mantiene capacidades limitadas frente al poderío militar estadounidense. La Fuerza Aérea venezolana cuenta con 24 cazas Su-30MK2 y otros modelos rusos y chinos, cuya operatividad disminuyó por falta de repuestos y sanciones.
Caracas apuesta por sistemas rusos como el S-300VM, Buk-M2E y Pechora-2M, con los que busca crear zonas de negación aérea (A2/AD). Desde marzo, más baterías del S-300VM fueron colocadas en estado operativo en la base Capitán Manuel Ríos.
Venezuela produce unos 50 drones ANSU-100 al año, basados en tecnología iraní. Además, Teherán ha suministrado lanchas rápidas equipadas con misiles antibuque, utilizadas en ejercicios recientes que imitan tácticas de saturación naval como las de los hutíes en Yemen.
Expertos advierten a Caracas
El analista Ryan Berg, del CSIS, señala que las fuerzas venezolanas no poseen experiencia en guerras contemporáneas y que han sufrido derrotas en enfrentamientos con guerrillas en zonas fronterizas.
Afirma que ataques selectivos de Estados Unidos contra instalaciones vinculadas al narcotráfico podrían fracturar la lealtad interna dentro del propio régimen y alterar la estabilidad del alto mando.
