En una Roma discretamente blindada, el destino geopolítico de Medio Oriente se escribe en una sala cerrada. Allí, el enviado de Donald Trump, Steve Witkoff, y el canciller iraní Abbas Araghchi volvieron a verse las caras para discutir lo que podría ser uno de los acuerdos más críticos del siglo: el futuro del programa nuclear de Irán.
Una partida diplomática de alto riesgo
Todo comenzó hace una semana en Mascate, Omán, donde ambas delegaciones abrieron un canal de diálogo “constructivo”. Sin embargo, lejos de suavizarse, la tensión ha escalado. Trump exige la destrucción total de la capacidad nuclear iraní, mientras Khamenei insiste en conservar lo que considera su mayor iniciativa geopolítica.
La escena diplomática se complicó aún más cuando Araghchi viajó a Moscú para asegurarse el respaldo de Vladimir Putin. El presidente ruso, siempre pragmático, respondió con una promesa: mediar ante Washington y proteger la alianza estratégica con Irán.
Por su parte, Israel no se quedó atrás. Ron Dermer y David Barnea, enviados por Netanyahu, se reunieron con Witkoff en París para reiterar su postura: Irán no puede continuar con su proyecto nuclear bajo ningún pretexto.
Trump impone el reloj: dos meses para decidir
Trump, quien lidera una administración dividida entre el diálogo y la acción militar, lanzó una advertencia clara: si no hay acuerdo, habrá bombardeos. Una carta enviada por su equipo a Khamenei planteó un ultimátum de 60 días. Quedan menos de 20.
En Washington, la estrategia aún genera debate. Mientras JD Vance y Steve Witkoff apuestan por agotar las vías diplomáticas, Marco Rubio y Mike Waltz presionan por una respuesta más firme, incluso bélica.
Irán propone una hoja de ruta de tres fases
En medio del forcejeo, Irán presentó una propuesta: reducir la velocidad del enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones económicas y de la venta de petróleo. Al final del proceso, prometen permitir inspecciones técnicas de la ONU y enviar su uranio a un tercer país. Pero Trump no está convencido.
“Si Irán tiene un arma nuclear, todos estarán en peligro”, declaró hace solo unas horas desde la Casa Blanca.
Un desenlace incierto
La diplomacia internacional está al límite. Con la próxima ronda programada en Mascate, la comunidad internacional observa con atención. ¿Será esta una nueva versión del acuerdo de 2015 o el preludio de un conflicto mayor?
El canciller de Omán, Badr Al-Busaidy, tiene ahora la misión de sostener el frágil equilibrio entre la amenaza de guerra y la esperanza de paz.
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