La mañana en que Donald Trump despega hacia Malasia inicia una gira que, a simple vista, parece centrada en economía y alianzas regionales. Malasia, Japón y Corea del Sur figuran en su itinerario para avanzar en tratados, comercio y posicionamiento geopolítico. Pero, en el equipaje diplomático también viaja una posibilidad inesperada: la de un encuentro con Kim Jong un.
Al subir al Air Force One, Trump afirmó estar “100 %” dispuesto a sentarse frente al líder norcoreano si él así lo desea. Esa declaración, ligera en apariencia, resume el gran juego de voluntades entre Washington y Pyongyang. Mientras tanto, Corea del Sur advierte que “no se debe desaprovechar esta oportunidad del cielo” para una reunión que podría redefinir la península coreana.
Malasia, Japón, Corea del Sur: un triángulo estratégico
Primero Malasia, con la cumbre de la ASEAN como escenario inicial. Luego Japón; y finalmente Corea del Sur, donde durante la cumbre de la APEC se espera el encuentro entre Trump y Xi Jinping. En este contexto, la apertura hacia un cara a cara Trump-Kim añade un matiz cargado de suspense.
Por un lado, EE.UU. busca estrechar lazos comerciales, contener a China y reafirmar su liderazgo en la región Asia-Pacífico. Por otro, Corea del Sur ve la gira como “una oportunidad única” para reactivar la diplomacia coreana que estaba estancada. Y Pyongyang, mientras tanto, lanza misiles de corto alcance en una señal que reinterpretan como parte del juego de negociación.
¿Por qué el posible encuentro Trump-Kim es importante?
Más allá del gesto simbólico, un diálogo entre ambos podría impactar tres ejes críticos: la desnuclearización de la península, la apertura económica de Corea del Norte y la reconfiguración de alianzas regionales. Trump, que ya se encontró con Kim en 2018-19, antes no logró un acuerdo definitivo, pero esta vez la coyuntura cambia: China, Corea del Sur y EE.UU. tienen más en juego que nunca.
Si consiguen una reunión, el mensaje sería claro: la diplomacia produce efectos concretos. Si no, el mundo verá que la voluntad no siempre basta cuando los intereses estratégicos y las sanciones siguen vigentes.
Riesgos, expectativas y el escenario global
El gran desafío es que este tipo de gestos no caigan solo en titulares. Porque Pyongyang exige reconocimiento de su estatus nuclear, mientras EE.UU. exige pasos concretos. Trump mismo comentó, de modo provocador, que Corea del Norte tiene “muchas armas nucleares, pero no muchos servicios telefónicos”. En ese pensamiento se resume la anomalía: un país aislado, pero armado.
Si la gira se convierte únicamente en aciertos diplomáticos sin sustancia, entonces la expectativa se diluirá. Pero si se traduce en acuerdos, aunque sean parciales, podría abrir una nueva fase en Asia.
¿Qué puede definirse en los próximos días?
Desde Malasia hasta Corea del Sur, los ojos del mundo seguirán a Trump por pasos que podrían parecer rutinarios pero no lo son. Podría concretarse una reunión espontánea con Kim Jong un, un encuentro con Xi Jinping que defina el comercio mundial, o simplemente mantenerse el status quo, lo que también transmitiría un mensaje propio.
Sea lo que sea, la gira es mucho más que un viaje: es una pieza de ajedrez diplomática con piezas en movimiento.
