Silencio en la frontera: el gesto de las Coreas que nadie vio venir

Silencio en la frontera: el gesto de las Coreas que nadie vio venir
Silencio en la frontera: el gesto de las Coreas que nadie vio venir

En la frontera más tensa del mundo, hoy reina un silencio ensordecedor. En un giro inesperado y simbólico, las dos Coreas han apagado sus altavoces de propaganda, un gesto de desescalada que marca un potencial punto de inflexión en sus conflictivas relaciones.

En la Zona Desmilitarizada (DMZ) que separa a Corea del Sur y Corea del Norte, un paisaje sonoro que durante años ha estado dominado por una cacofonía de propaganda ha quedado súbitamente en silencio. En una decisión histórica que ha tomado al mundo por sorpresa, el gobierno de Seúl apagó sus potentes altavoces, un gesto que fue correspondido por Pyongyang menos de 24 horas después. La «guerra del sonido» ha terminado, al menos por ahora.

El fin de la «guerra del sonido»

Para entender la magnitud de este gesto, hay que comprender lo que significaba esta guerra psicológica. Desde el sur, una batería de altavoces de alta potencia emitía sin cesar una mezcla de canciones de K-pop, noticias internacionales y mensajes ideológicos diseñados para erosionar la moral de los soldados y civiles del norte. Desde el norte, la respuesta era igualmente estridente: sus propios altavoces transmitían discursos patrióticos y, a menudo, ruidos perturbadores e ininteligibles para contrarrestar las emisiones del sur. Era un duelo constante, un recordatorio audible de la división y la hostilidad.

El arquitecto de la tregua: la primera gran jugada de Lee Jae-myung

La decisión de romper este ciclo partió del nuevo presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung. Este movimiento marca uno de sus primeros y más decisivos actos de gobierno, estableciendo un claro contraste con la política de confrontación de su predecesor, Yoon Suk Yeol, quien fue depuesto tras declarar brevemente la ley marcial en diciembre.

El portavoz de la presidencia surcoreana enmarcó la decisión como un paso para «restaurar la confianza en las relaciones intercoreanas y construir la paz en la península». Es una apuesta por el diálogo sobre la confrontación, una jugada que muchos consideraban impensable hace solo unos meses.

¿Ingenuidad o genialidad diplomática?

Este gesto no es un acto de buena voluntad espontáneo, sino que puede interpretarse como una jugada maestra de «diplomacia de nicho». Ocurre precisamente en un momento en que las superpotencias, Estados Unidos y China, están absortas en la negociación de su propia tregua comercial. Al actuar en esta ventana de distracción global, el nuevo gobierno de Seúl ha creado un hecho consumado en la península, estableciendo una nueva dinámica con Pyongyang y ganando capital político con un riesgo mínimo.

«Al suspender unilateralmente estas acciones, Lee Jae-myung busca establecer las bases de una nueva narrativa política, basada en la reducción de tensiones y la reconstrucción de canales diplomáticos.» – Análisis de Xataka.

Un gesto no exento de críticas

Sin embargo, la decisión no ha sido universalmente aplaudida. Organizaciones de derechos humanos y activistas que durante años han enviado globos con información y memorias USB al Norte han criticado duramente la medida. Argumentan que, al silenciar los altavoces, el gobierno de Lee Jae-myung está privando a los ciudadanos norcoreanos de una de sus pocas ventanas al mundo exterior y cediendo ante las demandas de Pyongyang.

Este debate subraya la fragilidad de la tregua. El silencio en la frontera es un poderoso símbolo, pero la pregunta fundamental sigue en el aire: ¿es el preludio de un diálogo genuino y una paz duradera, o simplemente una pausa táctica en un conflicto de 70 años? Por ahora, en la frontera más militarizada del mundo, se escucha un silencio lleno de posibilidades.

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