La historia comenzó en 2018, cuando China anunció sus planes de construir la embajada más grande de Europa en Londres, a pocos pasos de la Torre de Londres. La magnitud del proyecto generó expectativa, pero pronto las dudas sobre su transparencia y posibles riesgos de espionaje tomaron protagonismo.
Hoy, tres años después de un estancamiento burocrático, el gobierno británico decidió postergar nuevamente la decisión final hasta el 21 de octubre, ante la falta de respuestas claras de Pekín.
Transparencia bajo la lupa: el debate sobre los planos
El Departamento de Vivienda del Reino Unido exigió a China mayor detalle sobre la distribución interna del edificio. La negativa de la consultora DP9, que representa al régimen chino, encendió las alarmas: argumentaron que revelar más planos era “inapropiado”.
Para críticos como Luke de Pulford, de la Alianza Interparlamentaria sobre China, la explicación fue insuficiente. “Las garantías equivalen a un ‘confía en mí, hermano’”, advirtió, reflejando la creciente desconfianza hacia el proyecto.
Residentes y activistas: voces en resistencia
Más allá de la política, los residentes locales y activistas hongkoneses han alzado la voz contra la construcción. Para ellos, la embajada no es solo un centro diplomático, sino una posible herramienta de control e intimidación de disidentes.
El relato vecinal recuerda que el edificio de dos siglos de antigüedad donde se planea la sede ha sido testigo de la historia británica, y muchos temen que ahora se convierta en símbolo de tensiones geopolíticas.
La visión de Pekín: obligación internacional y acusaciones de calumnias
Desde la otra orilla, la embajada china en Londres ha manifestado su seria preocupación por la demora, acusando al Reino Unido de incumplir sus obligaciones internacionales. Pekín exige que la autorización se otorgue sin más dilaciones.
Asimismo, calificó como “calumnias despreciables” las acusaciones de que la sede pudiera albergar instalaciones secretas dedicadas al espionaje. Para China, el retraso es un golpe político más que técnico.
El reloj corre: una decisión que marcará relaciones bilaterales
La nueva prórroga hasta el 21 de octubre no es solo un trámite administrativo. Se trata de una señal del deterioro de las relaciones entre Reino Unido y China, en un contexto donde la seguridad nacional británica se ha vuelto prioridad.
La decisión final podría convertirse en un caso emblemático de cómo Europa equilibra las necesidades diplomáticas con las crecientes tensiones geopolíticas. La embajada más grande de Europa, por ahora, sigue siendo un proyecto en espera.
Diplomacia, espionaje y confianza rota
La construcción de la nueva embajada china en Londres simboliza mucho más que un edificio: es un termómetro de la relación entre dos potencias. La falta de transparencia, las denuncias de espionaje y la resistencia social colocan al proyecto en un terreno incierto.En octubre, la historia podría dar un giro decisivo. Hasta entonces, el futuro de la mayor embajada china en Europa seguirá siendo un símbolo de desconfianza y tensión diplomática.
