Cuando en 2018 China compró el histórico Royal Mint Court por 255 millones de libras, pocos imaginaron que el corazón diplomático más polémico de Europa se construiría frente a la Torre de Londres. Pero en 2024, todo cambió.
Carmen Lau, activista hongkonesa exiliada en el Reino Unido, vive cada día con miedo. No solo por la recompensa que pesa sobre su cabeza desde Hong Kong, sino porque el nuevo proyecto de la embajada podría acercar aún más al régimen que la persigue.
“No quiero tener que mirar por encima del hombro cada vez que paso cerca de esa zona”, dijo Lau a la BBC. Y no es la única.
¿Qué está en juego con la embajada más grande de Europa?
El proyecto convertiría 20.000 metros cuadrados del Royal Mint Court en el complejo diplomático chino más grande del continente.
Pero el tamaño no es lo que más preocupa: es su ubicación estratégica, cerca de:
- Las redes de fibra óptica más sensibles de la City de Londres
- Una central telefónica clave (Wapping Exchange)
- Infraestructura financiera y gubernamental británica
Según expertos en ciberseguridad, esto podría facilitar el espionaje digital sin dejar rastro visible.
Espionaje, acoso y vigilancia: más allá de lo diplomático
El miedo de Carmen no es paranoia. En 2022, un manifestante fue golpeado dentro del consulado chino en Manchester.
La policía británica tuvo que intervenir cruzando la línea diplomática.
Steve Tsang, director del Instituto de China en SOAS, reconoce que la vigilancia de estudiantes, empresarios y científicos británicos es una función habitual del personal diplomático chino.
“Pueden usar la embajada para acercarse a objetivos con valor estratégico”, explicó.
Rechazo local: ¿seguridad o provocación?
Los vecinos del proyecto no están convencidos.
Mark Nygate, residente desde hace dos décadas, teme que un ataque a la embajada afecte a todo el vecindario:
“No es paranoia. Es sentido común. Esto es una provocación en una zona densamente poblada”.
El consejo local rechazó el proyecto en 2022.
Pero en 2024, tras la llegada del Partido Laborista al poder, China volvió a insistir con la misma propuesta.
La tensión política: ¿adversario o socio comercial?
La viceprimera ministra Angela Rayner tiene ahora la última palabra.
Mientras que figuras como Sir Iain Duncan Smith denuncian la sumisión británica al dinero chino, otros expertos —como Tsang— creen que es mejor tener a China bajo vigilancia centralizada que dispersa por Londres.
Lord Peter Ricketts, ex jefe del Consejo de Seguridad Nacional, sintetiza la paradoja:
“China es un adversario en seguridad, pero un socio esencial en comercio y clima”.
