Bajo el mismo cielo de guerra, dos realidades opuestas. En Tel Aviv, la vida se mide en el minuto y medio que tarda en llegar a un refugio. En Teherán, sin alertas ni búnkeres, la juventud se atrinchera en el único espacio seguro que les queda: el internet.
Mientras los líderes mundiales debaten sobre geopolítica y los generales trazan líneas en los mapas, la guerra entre Israel e Irán se vive de formas radicalmente distintas en las calles de Tel Aviv y Teherán. Para la gente común, el conflicto no es una abstracción, sino una realidad palpable de sirenas, miedo, desinformación y una lucha diaria por la normalidad y la conexión humana.
Tel Aviv: La Vida en Minuto y Medio
Para los habitantes de las ciudades israelíes, la vida se ha sincronizado con el ulular de las sirenas. Desde que comienza la alerta, los ciudadanos del centro del país tienen un minuto y medio para llegar a un refugio. Esta carrera contra el tiempo se ha convertido en el nuevo y estresante ritmo de la vida cotidiana.
«Es el estrés de irte a dormir y que en el momento que apoyaste la cabeza, suene una sirena y tengas que correr», relata un residente de Tel Aviv. La infraestructura de defensa civil es omnipresente:
* Refugios privados: Muchos apartamentos modernos cuentan con una habitación segura blindada. Las familias preparan un «bolso de playa» con agua, snacks y documentos importantes, sin saber cuánto tiempo deberán permanecer dentro.
* Refugios públicos: Para quienes viven en edificios antiguos o están en la calle, la carrera es hacia los refugios públicos subterráneos. Sin embargo, ante la potencia de los misiles balísticos iraníes, incluso la seguridad de estos espacios se ha puesto en duda.
El costo humano y material es tangible. Al menos 24 civiles han muerto en Israel y cientos han resultado heridos por los más de 400 misiles iraníes que han logrado penetrar las defensas. Los ataques han dañado infraestructura crítica, incluyendo un impacto directo en el Hospital Soroka en Beersheba y la destrucción de laboratorios de investigación contra el cáncer en el prestigioso Instituto Weizmann, con la pérdida de muestras irremplazables.
Teherán: El Refugio Digital en Medio del Apagón
En Irán, la experiencia es de una vulnerabilidad y aislamiento casi totales. Sin un sistema de alerta de sirenas ni una red de refugios públicos, los ciudadanos se enteran de los ataques por el sonido de las explosiones. El gobierno ha impuesto un apagón casi total de internet, cortando la comunicación con el mundo exterior y dejando a la población en un vacío informativo.
«Es surrealista, no saber si las explosiones vienen del videojuego o de la vida real», cuenta Samin, una joven de 23 años. En este contexto, la Generación Z iraní ha encontrado su único refugio en el mundo digital:
* Solidaridad en Discord y WhatsApp: A pesar de los bloqueos, los jóvenes usan VPNs y aplicaciones encriptadas para crear comunidades de apoyo. Se registran, se acompañan durante los bombardeos y comparten sus miedos. «Es una atmósfera dolorosa, pero hay esperanza, solidaridad y cuidado», dice un usuario.
* Resistencia contra el «Apartheid Digital»: Mientras la población general está aislada, miles de cuentas vinculadas al régimen inundan las redes sociales con propaganda, creando lo que activistas llaman un «apartheid digital». La juventud lucha contra esto compartiendo información no oficial y mostrando al mundo una realidad distinta a la narrativa estatal.
La cifra de víctimas en Irán es mucho mayor y más difícil de verificar. La ONG Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en EE.UU., reporta más de 639 muertos, incluyendo al menos 263 civiles, entre ellos mujeres y niños, y más de 1,300 heridos. Los ciudadanos se sienten «atascados» y «paralizados», con muchos deseando huir a ciudades más pequeñas pero sin poder abandonar a sus seres queridos.
Esta guerra se libra en dos frentes humanos muy diferentes. En uno, una sociedad tecnológicamente preparada se aferra a la normalidad entre carreras a refugios de concreto. En el otro, una población aislada y vulnerable construye refugios de solidaridad en el ciberespacio, luchando no solo contra las bombas, sino también contra el silencio.
