“No elegimos esto”: El rostro humano de la guerra Israel-Irán

“No elegimos esto”: El rostro humano de la guerra Israel-Irán
“No elegimos esto”: El rostro humano de la guerra Israel-Irán

Detrás de los titulares de geopolítica y estrategia militar, hay historias de miedo, resiliencia y una incomprensión profunda. Desde los sótanos de Tel Aviv hasta las autopistas colapsadas de Teherán, este es el relato de la gente común atrapada en una guerra que no pidieron.

En el análisis frío de la guerra, las bajas se cuentan como cifras y los ataques como movimientos en un tablero de ajedrez. Pero en las calles de Teherán, en los apartamentos de Tel Aviv y en los pueblos de Siria y Líbano, el conflicto tiene un rostro, un sonido y un peso muy diferentes. Es el rostro del miedo, el sonido de las sirenas y el peso de una realidad impuesta que aplasta la vida cotidiana.

«Estamos en medio de algo que no hemos elegido»: La Voz desde Teherán

Para muchos iraníes, la guerra ha llegado como un ladrón en la noche, una catástrofe incomprensible que no provocaron. En Teherán, la capital de casi 10 millones de habitantes, las advertencias de evacuación emitidas por Israel y amplificadas por líderes internacionales como Donald Trump desataron escenas de pánico. Las principales autopistas se colapsaron con miles de vehículos intentando huir de la ciudad, creando atascos monumentales mientras la gente buscaba refugio o simplemente intentaba abastecerse de gasolina.

El sentimiento de ser una víctima inocente en un juego de poder es palpable. Un residente de Kermanshah, una ciudad iraní, expresó a la agencia RFI una frustración compartida por muchos: «Estamos en medio de algo que no hemos elegido. No fue Irán quien desencadenó esta escalada. Israel lanzó un ataque sin provocación directa… Y eso es lo más chocante. Nosotros somos los que estamos pagando el precio».

El miedo se ha instalado en los hogares. Una mujer iraní que reside en Francia relató la angustia de su familia en Teherán: «Mi hermana vive cerca de uno de los aeropuertos. El domingo empezaron a atacar cerca de su casa. Me dijo que había pedido agua, comida enlatada y cosas así, por si le toca quedarse encerrada o hay cortes de electricidad». La gente busca refugio en mezquitas, escuelas y en las estaciones del metro, convirtiendo los espacios públicos en santuarios improvisados contra los misiles.

Sirenas sobre Tel Aviv: El Miedo Constante en Israel

Al otro lado del conflicto, la vida en Israel también se ha transformado en una rutina de miedo y alerta constante. Las sirenas antiaéreas se han convertido en la banda sonora de ciudades como Tel Aviv y Jerusalén, obligando a las familias a correr hacia los refugios en una carrera contra el tiempo.

Aunque los sistemas de defensa interceptan la mayoría de los misiles, la amenaza es constante y a veces letal. En Rishon Lezion, un misil iraní impactó cerca de varias viviendas, matando a dos personas e hiriendo a diecinueve. En Ramat Gan, al este de Tel Aviv, un periodista de Associated Press describió una escena de devastación con coches calcinados y casas con las fachadas arrancadas por la explosión.

La vida se ha suspendido. Las escuelas están cerradas, las grandes reuniones prohibidas y el Comando del Frente Interno de las FDI insta a la población a permanecer cerca de los refugios, reconociendo que «la defensa no es hermética». Para muchos israelíes, esta guerra confirma sus peores temores sobre la amenaza existencial que, según su gobierno, representa Irán.

«May God set the oppressors against each other. We’ve been harmed by both of them.» (Que Dios ponga a los opresores unos contra otros. Hemos sido perjudicados por ambos) – Ahmad al-Hussein, 18 años, residente de Damasco.

Espectadores de la Tragedia: La Visión desde Líbano y Siria

Mientras tanto, en los países vecinos, la guerra se vive con una mezcla de temor y una sombría satisfacción. Para los sirios y libaneses, agotados por años de sus propias guerras, ver a dos de las potencias que han intervenido en sus países enfrentarse directamente genera un sentimiento complejo.

En Damasco, jóvenes como Ahmad al-Hussein se reúnen en los parques para ver pasar los misiles iraníes sobre sus cabezas, expresando un deseo casi cínico: «Espero que continúe. Nos han perjudicado ambos». Una expresión siria, que se traduce como «el colmillo de un perro en la piel de un cerdo», se ha vuelto popular en las redes sociales para describir la lucha entre dos actores que consideran despreciables.

En Líbano, que aún se recupera de la devastadora guerra de 2023-2024 con Israel, algunos ven las imágenes de edificios destruidos en Tel Aviv como una forma de retribución. Sin embargo, la mayoría de la población, especialmente después de haber perdido a miles de personas, reza para no ser arrastrada de nuevo al conflicto. Videos virales han mostrado a libaneses en fiestas en azoteas, bailando mientras los proyectiles iluminan el cielo nocturno, una extraña y trágica normalización de la guerra que se ha convertido en parte de su paisaje.

Este conflicto, más allá de las estrategias y los comunicados oficiales, es en última instancia una historia humana. Es la historia de millones de personas cuyo único deseo es despertar sin el sonido de las sirenas, sin el miedo a que el cielo se les caiga encima.

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