Purga en China: Xi Jinping destituye al jefe de la Armada

Purga en China: Xi Jinping destituye al jefe de la Armada
Purga en China: Xi Jinping destituye al jefe de la Armada

La expulsión del Vicealmirante Li Hanjun de la legislatura nacional es la última señal de la implacable campaña de Xi para erradicar la corrupción y asegurar la lealtad absoluta de las fuerzas armadas, en un momento de máxima tensión regional.

En una nueva demostración de la férrea campaña de control que el presidente Xi Jinping ejerce sobre las fuerzas armadas, el Vicealmirante Li Hanjun, jefe de estado mayor de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLAN), ha sido expulsado del Congreso Nacional del Pueblo (NPC), la legislatura china. Junto a él, también fue destituido Liu Shipeng, un destacado científico del programa nuclear del país. Esta medida, anunciada el viernes, es el capítulo más reciente de una purga masiva y continua que ha sacudido al estamento de defensa y seguridad de China, y que busca consolidar el poder de Xi y preparar al ejército para un posible conflicto.

El Contexto de la Purga: Más Allá de la Corrupción

Oficialmente, la expulsión de la legislatura es un paso previo a sanciones disciplinarias por «graves violaciones de la disciplina y la ley», un eufemismo comúnmente utilizado por el Partido Comunista para referirse a casos de corrupción. Sin embargo, la campaña de Xi, que se ha prolongado por más de una década desde que asumió el poder en 2012, tiene un doble objetivo que va más allá de la simple lucha contra el soborno.

Por un lado, es una purga política diseñada para eliminar cualquier atisbo de rivalidad y asegurar la lealtad absoluta e incondicional del ejército, la única institución con el poder potencial de desafiar al Partido. Por otro lado, y de manera cada vez más crítica, es una iniciativa para mejorar la preparación para el combate. Xi está decidido a erradicar una corrupción que podría traducirse en equipamiento defectuoso, logística deficiente y comandantes ascendidos por clientelismo en lugar de por mérito, debilidades que serían fatales en un conflicto real sobre Taiwán o en el Mar de China Meridional.

El patrón es claro. La destitución de Li Hanjun, el tercer oficial de más alto rango de la Armada, sigue a la del General Miao Hua, quien fue recientemente destituido de su puesto en la poderosa Comisión Militar Central (CMC), el máximo órgano de mando militar que preside el propio Xi. Miao, cuya carrera había sido impulsada por Xi, también estaba siendo investigado por corrupción tras haber dirigido el crucial Departamento de Trabajo Político del ejército, responsable de la ideología y los nombramientos.

El Objetivo Final: Lealtad Absoluta y un Ejército Listo para la Guerra

Xi Jinping ha reiterado incansablemente que la primera y más importante cualidad del Ejército Popular de Liberación debe ser su lealtad al Partido Comunista. En un momento de crecientes tensiones con Estados Unidos y sus aliados en Asia, Xi no puede permitirse ninguna duda sobre la fiabilidad de sus fuerzas armadas.

La destitución de un oficial naval de tan alto perfil como Li Hanjun es particularmente significativa. La Armada es la punta de lanza de las ambiciones de China en el Mar de China Meridional y sería la fuerza principal en cualquier operación militar contra Taiwán. Al purgar a sus altos mandos, Xi no solo elimina a posibles focos de deslealtad, sino que envía un mensaje contundente al resto del cuerpo de oficiales: la incompetencia y la corrupción no serán toleradas mientras el país se prepara para los desafíos estratégicos que se avecinan.

La Paradoja de la Transparencia

Aunque la purga busca fortalecer al ejército internamente, la forma en que se comunica —a través de anuncios breves y crípticos en los medios estatales— crea una imagen de inestabilidad y luchas de poder internas de cara al exterior. Esta opacidad genera una peligrosa ambigüedad. Para los adversarios de China, es difícil discernir si estas purgas son un signo de una podredumbre sistémica profunda o la prueba de que un líder fuerte está limpiando eficazmente la casa. Esta incertidumbre puede llevar a errores de cálculo estratégicos por parte de todas las partes, ya sea subestimando la creciente capacidad del ejército chino o sobreestimando sus debilidades internas, un riesgo que el mundo no puede permitirse en el tenso clima actual.

La purga en el ejército chino continúa sin tregua, y la caída del jefe de la Armada es la prueba más reciente de que nadie, sin importar su rango, está a salvo. Xi Jinping está forjando un ejército a su imagen y semejanza: leal, disciplinado y, sobre todo, listo para cumplir sus órdenes. El mundo observa, tratando de descifrar si está presenciando la consolidación de una formidable maquinaria de guerra o los estertores de un sistema plagado de luchas internas.

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