Un proyecto para construir el Cristo más grande del mundo en Boadilla del Monte (Madrid) desata la polémica. ¿Símbolo de fe o un monumento a la desigualdad en suelo público en plena crisis de vivienda?
En Boadilla del Monte, uno de los municipios más ricos de España, se gesta un proyecto de proporciones bíblicas: la construcción de una estatua del Sagrado Corazón de Jesús de 37 metros de altura, diseñada para ser la más grande del mundo, superando incluso al icónico Cristo Redentor de Río de Janeiro. Sin embargo, lo que para sus promotores es un faro de fe y un futuro centro de peregrinación internacional, para muchos vecinos y críticos es un coloso de hormigón que proyecta una larga sombra sobre las verdaderas necesidades de la comunidad.
Un Proyecto de Fe y Ambición Global
Impulsado por la «Asociación de Devotos del Corazón de Jesús de Boadilla», el monumento es una obra de ingeniería y marketing espiritual. Con un coste estimado de 17 millones de euros que se financiarán exclusivamente mediante donaciones privadas, el diseño del escultor Javier Viver contempla no solo una figura imponente, sino una «experiencia inmersiva y sensorial» en su interior, con un corazón dorado de 2.5 metros que emitirá luz y sonido.
El objetivo es inaugurarlo en junio de 2030, convirtiendo la zona, estratégicamente ubicada junto a la autopista M-50, en un polo de atracción turística y religiosa a escala mundial. El proyecto cuenta con el beneplácito del Ayuntamiento de Boadilla, gobernado por el Partido Popular, que en 2019 aprobó la cesión de una parcela de titularidad pública para su construcción, y ha recibido el apoyo moral del Obispado de Getafe y del gobierno de la Comunidad de Madrid.
«Pormishuevísmo Católico»: La Indignación en las Redes y en las Calles
La noticia ha desatado una tormenta de críticas en redes sociales y foros vecinales, donde el escepticismo y la indignación son palpables. Comentarios irónicos como «Pormishuevísmo católico» o preguntas directas como «¿Y la pista de atletismo para cuándo?» reflejan el sentir de una parte de la ciudadanía que ve el proyecto como una extravagancia desconectada de la realidad.
El núcleo de la controversia no es tanto el monumento en sí, sino el contexto en el que se erige. La principal crítica, articulada por la oposición socialista local y por numerosos vecinos, es el uso de valioso suelo público para un proyecto religioso privado mientras Madrid y sus alrededores sufren una de las peores crisis de acceso a la vivienda de su historia reciente. «Dado el precio de la vivienda en Boadilla, por ejemplo, no tiene sentido destinar suelo disponible para esto», criticó la líder socialista local, Alessandra del Mónaco.
Esta controversia va más allá de un debate sobre religión; es una discusión sobre el poder y el uso de los recursos públicos en la España post-crisis. El «Cristo de Boadilla» se ha convertido en un potente símbolo de la desconexión entre ciertas élites políticas y las prioridades de la ciudadanía. En un país con una historia reciente marcada por monumentos públicos controvertidos, muchos de ellos ligados a un pasado autoritario , la construcción de nuevos símbolos en el espacio común genera una sensibilidad especial.
Para sus detractores, este proyecto faraónico, que se levantará sobre un terreno que podría destinarse a vivienda social, centros de salud o instalaciones deportivas, no es un monumento a la fe, sino un «monumento a la desigualdad». Refleja una batalla más amplia sobre el modelo de sociedad y el propósito del Estado: ¿debe el poder público facilitar proyectos ideológicos de grupos privados o debe centrarse en resolver las urgencias sociales de la mayoría?
Mientras la asociación promotora busca mecenas prometiendo «un tesoro en el cielo» , muchos en Boadilla y en el resto de Madrid se preguntan si no sería más urgente construir tesoros más terrenales, como un techo asequible bajo el que vivir.
