En una revelación sin precedentes que expone el pánico en la cúpula del poder en Irán, el Líder Supremo, Ayatolá Ali Jamenei, se ha refugiado en un búnker seguro y ha activado medidas de sucesión de emergencia, temiendo por su vida y la supervivencia de su régimen.
En el corazón de la República Islámica de Irán, tras la fachada de una desafiante retórica de guerra, se esconde una realidad de miedo y desesperación. Fuentes iraníes de alto nivel, citadas por el New York Times y corroboradas por análisis de inteligencia, han revelado que el Líder Supremo, el Ayatolá Ali Jamenei, ha abandonado sus residencias habituales para refugiarse en un búnker seguro y ha puesto en marcha un plan de sucesión de emergencia.
Estas medidas drásticas, nunca antes vistas, no son solo una precaución; son la señal más clara hasta la fecha de que el hombre más poderoso de Irán se siente vulnerable y teme que la guerra con Israel pueda llevar al colapso de su régimen.
El Búnker del Líder: Aislado y Temeroso
Las medidas de seguridad adoptadas por Jamenei, de 86 años, son extremas y pintan un cuadro de aislamiento y paranoia en la cima del poder:
* Aislamiento total: Ha suspendido todas las comunicaciones digitales. Ahora, solo se comunica con sus altos mandos militares a través de un único ayudante de confianza que actúa como mensajero personal.
* Protocolo subterráneo: Ha ordenado a otros altos funcionarios del régimen que trabajen desde oficinas subterráneas y eviten el uso de teléfonos móviles para no ser localizados.
Este temor a un asesinato no es infundado. Altos funcionarios israelíes han amenazado abiertamente su vida. Más revelador aún, se ha sabido que el presidente de EE.UU., Donald Trump, vetó personalmente un plan israelí para asesinar a Jamenei, no por simpatía, sino por el temor a la desestabilización que causaría. El propio Trump avivó las llamas al declarar que sabe «exactamente dónde se esconde el llamado ‘Líder Supremo'».
El Plan Secreto de Sucesión: ¿Quién reemplazará a Jamenei?
Quizás la revelación más impactante es la activación de un plan de sucesión de emergencia. Jamenei ha designado a tres clérigos de alto rango como sus posibles sucesores en caso de su muerte.
Este movimiento se ha hecho al margen del proceso constitucional formal, que recae en la Asamblea de Expertos, lo que subraya la urgencia y la gravedad de la situación.
Pero el dato más explosivo, con profundas implicaciones para la política interna de Irán, es el siguiente: su hijo, Mojtaba Jamenei, quien durante años ha sido señalado como el heredero designado, no está en la lista de sucesores.
La exclusión de su hijo es un cálculo político de alto riesgo en medio de una crisis existencial. Una sucesión dinástica, de padre a hijo, sería profundamente impopular y podría ser la chispa que encendiera un levantamiento popular, confirmando las acusaciones de nepotismo y corrupción que han alimentado el descontento durante años. Al descartar a su hijo, Jamenei podría estar intentando salvar el sistema teocrático a costa de las ambiciones de su propia familia.
La Guerra Psicológica y la Desestabilización Interna
Los ataques de Israel no solo buscan destruir objetivos militares; están diseñados para quebrar la columna vertebral del control del régimen sobre su propia población. Los ataques se han dirigido deliberadamente contra:
* La Policía Cibernética (FATA): Responsable de la vigilancia en línea y la represión de la disidencia en redes sociales.
* El Comando de Aplicación de la Ley (LEC): La fuerza policial encargada de la represión en las calles.
Estas son las mismas instituciones que lideraron la brutal represión de las protestas por la muerte de Mahsa Amini. Al atacarlas, Israel no solo degrada la capacidad de represión del régimen, sino que envía un mensaje a la población iraní. La guerra se ha extendido al ciberespacio, con un ataque que interrumpió la transmisión de la televisión estatal iraní para emitir un video antigubernamental que instaba a la gente a salir a las calles.
Las acciones desesperadas del Líder Supremo lo revelan todo. El régimen iraní, que proyecta una imagen de fuerza inquebrantable hacia el exterior, se siente frágil y acorralado desde dentro. La guerra no solo se libra en los cielos de Medio Oriente, sino en los pasillos subterráneos del poder en Teherán, donde el miedo a un colapso ya no es una hipótesis, sino una posibilidad real y tangible.
