
Las negociaciones en Qatar siguen sin avances y crece la presión internacional sobre Israel
En medio del polvo de los escombros, los gritos de niños asustados y las miradas agotadas de madres desplazadas, la Franja de Gaza sigue siendo un campo de batalla. Mientras tanto, en los salones de Doha, una delegación israelí permanece impasible ante los intentos de alcanzar una tregua, según fuentes palestinas.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiteró este miércoles su postura: “Nuestro objetivo sigue siendo claro: acabar con Hamas en Gaza”, haciendo oídos sordos a los llamados de la comunidad internacional —especialmente de Estados Unidos— que clama por un cese inmediato al fuego.
Estados Unidos mantiene un optimismo sin sustento
El enviado de Washington para Medio Oriente, Steve Witkoff, expresó esperanzas de lograr un acuerdo antes del final de la semana.
“Esperamos que al final de esta semana lleguemos a un acuerdo que nos permita entrar en un alto el fuego de 60 días”, dijo.
Sin embargo, la realidad sobre el terreno contradice el optimismo diplomático. Las negociaciones que se llevan a cabo en Qatar cumplen ya su cuarto día sin avances tangibles.
Fuentes palestinas: “Israel no vino a negociar”
Desde el lado palestino, las críticas son directas: “La delegación israelí no está autorizada a dar una respuesta”, reveló un funcionario palestino cercano a las negociaciones.
Otra fuente agregó que los israelíes apenas escuchan sin proponer alternativas, dejando en claro lo que calificaron como una política deliberada de obstrucción por parte del gobierno de Netanyahu.
Uno de los puntos más álgidos es el bloqueo a la ayuda humanitaria. Según la misma fuente, Israel se niega a permitir la libre circulación de asistencia en Gaza y a retirar sus tropas de posiciones estratégicas ocupadas desde marzo.
Netanyahu desafía a Estados Unidos y el mundo
La postura de Netanyahu no es nueva, pero genera crecientes tensiones con Estados Unidos, su principal aliado.
La insistencia del primer ministro en erradicar a Hamas, incluso a costa de prolongar la crisis humanitaria, deja a Israel cada vez más aislado diplomáticamente.
Aunque la Casa Blanca continúa buscando canales de presión, la falta de avances en Qatar y el endurecimiento de la retórica israelí indican que la tregua aún está muy lejos.
Gaza: una tragedia sin tregua
Mientras los líderes se atrincheran en discursos políticos, la población civil paga el precio más alto. Gaza, devastada por más de un año de bombardeos, enfrenta una emergencia sanitaria, alimentaria y humanitaria sin precedentes.
Organizaciones internacionales advierten que la ayuda se encuentra retenida en puntos de control o directamente bloqueada. En hospitales improvisados, los médicos carecen de insumos básicos, y miles de personas viven bajo lonas, sin acceso a agua potable ni electricidad.
“Los niños de Gaza no necesitan promesas diplomáticas; necesitan comida, medicinas y seguridad”, expresó un representante de Médicos Sin Fronteras.
El fracaso de las negociaciones: una constante
Las conversaciones para un alto al fuego han fracasado sistemáticamente. Ya sea en El Cairo, Doha o Estambul, las mesas de diálogo terminan con acusaciones cruzadas.
“Hamas no está dispuesto a ceder sus armas”, dicen desde Jerusalén.
“Israel no busca paz, busca ocupación”, responden desde Gaza.
Mientras tanto, el calendario avanza y los acuerdos se diluyen entre las ruinas de una guerra sin fin.
¿Hay salida posible?
Pese al estancamiento, mediadores internacionales insisten en que una tregua de 60 días podría permitir la entrada masiva de ayuda y la liberación de rehenes. Sin embargo, sin voluntad política de ambos lados, la tregua sigue siendo un espejismo.
Netanyahu, enfrentado a presiones internas y externas, ha convertido la guerra en una bandera política, reforzando su base más radical y enfrentándose abiertamente a sus críticos, incluso dentro de Israel.
El futuro inmediato: más violencia, más dolor
La situación pinta un panorama sombrío. La persistencia de Israel en sus ataques, la falta de un liderazgo único en Palestina y el agotamiento de la diplomacia internacional auguran más muertes y destrucción.
La única certeza es que cada día sin tregua se traduce en nuevas víctimas inocentes, en una tierra donde la esperanza se va desvaneciendo entre ruinas, sirenas y luto.