El 18 de abril de 1996, el pueblo de Qana, en el sur del Líbano, quedó marcado por una tragedia que resonaría en la historia como la masacre de Qana. Durante la «Operación Uvas de la Ira», las fuerzas israelíes bombardearon un complejo de las Naciones Unidas que albergaba a más de 800 civiles libaneses.
El saldo: 106 muertos y cientos de heridos. Según Amnistía Internacional, el ataque fue deliberado, un acto que ejemplifica la política de castigo colectivo que Israel ha utilizado en sus conflictos en Oriente Medio.
Castigo colectivo: un crimen de guerra normalizado
La doctrina del castigo colectivo, prohibida por el derecho internacional, ha sido aplicada repetidamente contra las poblaciones civiles en Gaza y ahora también en el sur del Líbano.
Las cifras de la tragedia actual
En el contexto de la reciente invasión israelí al Líbano, el Ministerio de Salud Pública libanés reporta:
- 3,442 muertos.
- 14,597 heridos.
Esta escalada militar, al igual que en Gaza, obliga a los civiles a desplazamientos masivos bajo amenaza de ser tratados como combatientes enemigos si desobedecen.
Gaza y Líbano: paralelismos dolorosos
Destrucción y promesas vacías
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha prometido a los desplazados libaneses que podrán regresar a sus hogares una vez que Hezbolá sea destruido. Sin embargo, el ejemplo de Gaza demuestra lo contrario:
- En la Franja de Gaza, tras un año de bombardeos indiscriminados, Hamás no ha sido eliminado.
- Lo que sí se ha logrado es la destrucción casi total de la infraestructura civil, agravando la crisis humanitaria.
El relato del miedo compartido
El miedo, el desplazamiento forzado y las promesas incumplidas no solo hieren a las personas, sino también a la memoria de los pueblos. Como expresó al-hakawatí, el narrador de historias:
«El mundo se ha vuelto más confuso, lleno de nombres que desdibujan sus contornos. ¿Cómo es posible que nadie vea cuán asustados estamos?»
La impunidad que perpetúa la violencia
La inacción de la comunidad internacional es alarmante. Estados Unidos, con su apoyo incondicional a Israel, alimenta un conflicto que sigue cobrando vidas civiles. El flujo constante de armas y la falta de sanciones efectivas perpetúan un ciclo de violencia que parece no tener fin.
Reflexión final: las estrellas que aún brillan
En un mundo dominado por imágenes y narrativas fragmentadas, el dolor de Qana, Gaza y el Líbano nos recuerda que algunas luces, aunque atrapadas en el tiempo, no se extinguen. Estas historias nos urgen a imaginar un futuro diferente, donde la justicia y la dignidad prevalezcan sobre la impunidad.
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