Marco Rubio volvió al centro del debate internacional tras asegurar que Estados Unidos no pretende que Europa sea un “vasallo”, sino un socio estratégico dentro del nuevo orden global que promueve la administración de Donald Trump. Sus declaraciones se dieron durante una gira diplomática por Eslovaquia y Hungría, dos países con gobiernos afines al mandatario estadounidense.

El jefe de la diplomacia de Washington había pedido un día antes a los aliados europeos alinearse con la visión de Trump sobre la política internacional, lo que generó tensión entre varias capitales del continente. Sin embargo, Rubio buscó matizar el mensaje y enfatizó que la prioridad de su país es construir una relación de cooperación, basada en intereses compartidos y responsabilidades comunes.
Marco rubio: Estados Unidos apuesta por una Europa fuerte y aliada
Durante su participación en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Rubio subrayó que Washington desea una Europa sólida, capaz de actuar como contraparte real frente a los desafíos globales. Ahí afirmó que su gobierno trabaja por una alianza revitalizada, no por una relación jerárquica.
“No estamos pidiendo a Europa que sea un vasallo de Estados Unidos. Queremos ser su socio”, declaró el funcionario, insistiendo en que la cooperación transatlántica sigue siendo un pilar clave para la estabilidad mundial. El mensaje buscó calmar la crispación generada tras sus llamados iniciales a alinearse con la agenda estratégica de Trump.
Respuesta europea ante el cambio de tono estadounidense
Las palabras de Rubio encontraron eco en Bruselas. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, celebró el giro discursivo y rechazó cualquier intento de desacreditar al bloque.
Kallas defendió el papel histórico de Europa y respondió a críticas recientes provenientes de Washington, especialmente aquellas que califican al continente como decadente o excesivamente “woke”. Según la funcionaria, Europa ha sido un socio fundamental para Estados Unidos y sigue aportando estabilidad, innovación y cooperación en múltiples frentes.
También recordó que la región enfrenta retos similares a los de Norteamérica, como la migración y la seguridad, por lo que consideró indispensable mantener un diálogo respetuoso y constructivo.
Reuniones clave en Europa Central
Como parte de su agenda, Rubio realizó una breve visita a Bratislava para reunirse con el primer ministro Robert Fico, líder con afinidades soberanistas cercanas a la visión de Trump. El encuentro se centró en temas estratégicos como energía nuclear, cooperación económica y el panorama geopolítico regional.
Aunque medios europeos difundieron versiones sobre supuestas preocupaciones de Fico respecto al estado de salud mental del presidente estadounidense, tanto Washington como Bratislava desmintieron categóricamente esas afirmaciones. Tras el encuentro, el mandatario eslovaco aseguró haber sostenido conversaciones “extremadamente importantes” con Trump, particularmente en materia energética.
Ucrania, un punto sensible en la agenda
Otro eje central de las conversaciones fue el conflicto en Ucrania, especialmente relevante para Eslovaquia, que comparte frontera con el país en guerra. Fico reconoció el “enfoque” de Trump sobre la crisis, aunque se mostró escéptico respecto a una solución en el corto plazo.
Para Estados Unidos, el tema ucraniano sigue siendo una prueba crucial del compromiso europeo con la seguridad colectiva. Rubio reiteró que una Europa fuerte es indispensable para contener amenazas regionales y sostener un equilibrio de poder estable.
Un mensaje político con múltiples lecturas
Las declaraciones de Marco Rubio reflejan un intento por recomponer puentes con Europa tras semanas de tensiones diplomáticas. Al mismo tiempo, evidencian la intención de Washington de redefinir las reglas del juego internacional, apostando por alianzas más alineadas con su visión estratégica.
Mientras algunos gobiernos europeos observan con cautela este giro, otros ven una oportunidad para renegociar el papel del continente en el escenario global. Lo cierto es que la relación transatlántica atraviesa un momento de reajuste, marcado por discursos firmes, negociaciones delicadas y una creciente presión geopolítica.
En este contexto, Rubio busca posicionarse como el rostro conciliador de una política exterior que pretende ser pragmática, pero que no renuncia a exigir mayor compromiso de sus aliados.