Ante un mundo de crecientes tensiones, Bruselas pisa el acelerador en un plan sin precedentes: forjar una «Unión de Defensa» y un «Pacto Industrial Limpio» para garantizar la «autonomía estratégica» del continente y competir como una verdadera potencia global.
En los pasillos del poder de Bruselas, una nueva doctrina está tomando forma y podría cambiar el futuro de Europa para siempre: la «autonomía estratégica». Impulsada por la guerra en Ucrania y la creciente rivalidad con China, la Unión Europea ha puesto en marcha una ambiciosa batería de medidas destinadas a construir una auténtica «Europa Fortaleza», capaz de defenderse por sí misma y de competir económica y tecnológicamente sin depender de actores externos.
Este giro histórico se materializa en dos pilares fundamentales: la creación de una Unión Europea de Defensa y la implementación de un Pacto Industrial Limpio. Juntos, representan el intento más serio de la UE por convertirse en un actor geopolítico de primer nivel, en lugar de ser simplemente un gigante económico. Como afirmó la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, la UE ha avanzado más en defensa «en seis días que en las últimas dos décadas» tras la invasión de Ucrania, subrayando la urgencia del momento.
Un ejército para Europa: La Unión de defensa
El sueño de un ejército europeo, largamente debatido y nunca concretado, parece estar más cerca que nunca. Los documentos de la Comisión Europea revelan planes para proponer los primeros «proyectos comunes» de defensa a principios de 2025. El objetivo es claro: que Europa pueda actuar militarmente sin depender del paraguas de la OTAN y, por extensión, de Estados Unidos.
Además, se está elaborando una nueva estrategia para hacer frente a amenazas no convencionales, como las de tipo químico, biológico, radiológico y nuclear (QBRN), con planes de adquisición conjunta y almacenamiento de contramedidas médicas. Este impulso hacia la remilitarización está reconfigurando las alianzas internas, donde Francia, como única potencia nuclear de la UE, se posiciona para liderar este nuevo paradigma de seguridad. El presidente Macron incluso ha llegado a proponer extender la protección de la disuasión nuclear francesa a sus socios europeos.
El motor económico: Pacto industrial y soberanía energética
El segundo pilar de esta autonomía es el «Pacto Industrial Limpio«. Su misión es doble: descarbonizar la economía europea para cumplir con los objetivos del Pacto Verde y, al mismo tiempo, reducir los precios de la energía para hacer a la industria más competitiva.
Esta estrategia está intrínsecamente ligada a la seguridad. La UE ha comprendido que la dependencia energética es una vulnerabilidad existencial. Por ello, ha lanzado una ofensiva para diversificar sus fuentes, construyendo terminales de Gas Natural Licuado (GNL) a velocidad récord y acelerando la transición hacia las renovables, una fuente de energía que, como señalan los analistas, «es imposible de bloquear o sancionar». Parte de esta estrategia incluye asegurar el suministro de materias primas críticas, lo que ha llevado a la UE a explorar yacimientos de «tierras raras» en países como Noruega para reducir la asfixiante dependencia de China.
Los desafíos: Fragmentación y nuevas dependencias
Sin embargo, el camino hacia la autonomía no está exento de peligros. Uno de los mayores riesgos es la fragmentación interna. Existen «islas energéticas» dentro de la UE, regiones que no están bien conectadas y que serían vulnerables a un embargo selectivo, poniendo a prueba la solidaridad política del bloque.
Además, existe la crítica de que Europa podría estar simplemente cambiando una dependencia por otra. Mientras celebra su emancipación del gas ruso, emerge una nueva vulnerabilidad: la dependencia de la tecnología china para la transición verde, especialmente en paneles solares y baterías. La construcción de la «Europa Fortaleza» es, por tanto, una carrera contrarreloj llena de oportunidades históricas y riesgos existenciales.
