“Es una gran batalla”, dice la madre de una niña que espera un trasplante. Su lucha es la de miles en Venezuela, un país donde el sistema de salud ha colapsado a tal punto que 85 niños y adolescentes han muerto en un solo hospital esperando una operación que nunca llegó.
La crisis humanitaria en Venezuela tiene muchas caras, pero pocas son tan devastadoras como la de un niño que se apaga lentamente por una enfermedad que podría tratarse. En los pasillos del emblemático hospital pediátrico J.M. de los Ríos, en Caracas, se libra una guerra silenciosa y desigual. Es una guerra contra el tiempo, contra la burocracia y, sobre todo, contra el colapso de un sistema de salud que ha dejado de cumplir su función más básica: salvar vidas.
Un informe reciente ha puesto cifras a esta tragedia: en los últimos siete años, al menos 85 niños y adolescentes han fallecido en este hospital mientras se encontraban en la lista de espera para un trasplante de riñón. No murieron por una enfermedad incurable, sino por la parálisis del Programa Nacional de Procura de Órganos y Trasplantes, suspendido por el Estado venezolano desde 2017.
«Es una gran batalla», resume con dolor una madre cuya hija, paciente nefróloga, forma parte de la lista de espera. Su testimonio, recogido por medios locales, encapsula la angustia y la impotencia de cientos de familias que ven cómo la salud de sus hijos se deteriora sin que exista una solución a la vista.
Un sistema en ruinas
La tragedia del J.M. de los Ríos no es un caso aislado, sino el síntoma más visible de una enfermedad que carcome a todo el sistema sanitario venezolano. La situación es crítica en múltiples frentes:
- Escasez de medicamentos: Pacientes con enfermedades crónicas luchan a diario para conseguir tratamientos esenciales, cuyo acceso sigue siendo «cuesta arriba».
- Infraestructura hospitalaria deteriorada: Los hospitales públicos, como el oncológico Padre Machado, se encuentran saturados y en condiciones precarias, incapaces de atender la demanda de pacientes.
- Resurgimiento de enfermedades: La Academia Nacional de Medicina ha advertido sobre el riesgo de reaparición de enfermedades como la fiebre amarilla debido a las bajas tasas de vacunación. Ya se han detectado casos de fiebre Oropouche y se ha alertado sobre brotes en países vecinos.
- Salud mental abandonada: La crisis ha tenido un impacto devastador en el bienestar psicológico de la población, con un acceso extremadamente limitado a servicios de salud mental, como lo evidencia la creación de herramientas como el «Psicomapa» de la UCAB para intentar localizar ayuda.
«No podemos decir que el SARS-CoV-2 no está circulando en Venezuela.» – Presidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, alertando sobre la continua amenaza de enfermedades respiratorias en un sistema debilitado.
El costo humano de las decisiones políticas
La crisis no es producto de un desastre natural, sino de años de decisiones políticas y de una gestión económica que ha desmantelado la capacidad de respuesta del Estado. El informe del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social documenta cómo los derechos a la salud, junto con la exigencia de servicios básicos como agua y electricidad, son una de las principales causas de protesta en el país.
Mientras tanto, la ayuda humanitaria internacional intenta paliar la situación, pero los recursos son insuficientes. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), el Plan de Respuesta Humanitaria para 2025 solo ha recibido el 5% de los fondos requeridos hasta marzo.
Para los 85 niños que murieron esperando un trasplante, y para los que aún esperan, el tiempo se agotó o se está agotando. Sus historias son el recordatorio más crudo del costo humano de un colapso que se niega a tocar fondo. Cada día que pasa sin una solución es, para ellos, una batalla perdida.
