Este martes 17 de junio concluye el plazo para inscribir candidatos a las elecciones municipales del 27 de julio en Venezuela. Pero la verdadera batalla no se libra en las listas del Consejo Nacional Electoral (CNE), sino en la calle, donde la principal facción opositora libra una guerra no convencional: su objetivo no es ganar, sino lograr una abstención masiva que deje en evidencia al gobierno de Nicolás Maduro.
El tablero político venezolano se reconfigura para un nuevo enfrentamiento, aunque esta vez las reglas del juego son distintas. Mientras el oficialismo, a través del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (Gppsb), celebra haber inscrito candidatos en los 335 municipios del país como una muestra de fortaleza democrática, la oposición liderada por María Corina Machado ha optado por una estrategia de alto riesgo: el boicot electoral y la promoción activa de la abstención.
El gobierno de Nicolás Maduro busca en estos comicios del 27 de julio un barniz de legitimidad. El objetivo es proyectar una imagen de normalidad institucional y participación ciudadana, tanto a nivel interno como, y muy especialmente, hacia la comunidad internacional. Cada voto contado, para el chavismo, es una prueba de que su sistema político funciona y cuenta con respaldo.
Sugerencia: Una imagen potente de un centro de votación venezolano completamente vacío, con una sola urna electoral en el centro de la sala.
La Abstención como Acto de «Desobediencia»
En la acera de enfrente, la estrategia es la antítesis. La facción más dura de la oposición ha decidido que competir en las actuales condiciones solo sirve para validar un sistema que consideran fraudulento. Por ello, su campaña no pide el voto, sino todo lo contrario.
El éxito para ellos no se medirá en alcaldías ganadas, sino en la contundencia de la imagen de centros electorales vacíos. María Corina Machado ha sido explícita al definir esta táctica, refiriéndose a la alta abstención registrada en comicios anteriores (que cifró en más del 85%) como un acto de «desobediencia» ciudadana contra el régimen.
Se trata de la política del vacío: demostrar que el gobierno puede controlar las instituciones, pero no la voluntad de un pueblo que, al quedarse en casa, emite el más rotundo de los votos de castigo. Es una apuesta fascinante y peligrosa que busca desnudar al poder, probando que gobierna sobre un espacio político deshabitado.
> «Más del 85% de los venezolanos desobedecimos a este régimen y dijimos no. Hoy fracasó la estrategia de terror del régimen.» – María Corina Machado, sobre la estrategia de abstención.
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Una Lucha por el Relato
Lo que está en juego es el relato. El gobierno necesita las fotos de gente votando para defender su narrativa de estabilidad democrática. La oposición necesita las fotos de centros desiertos para sostener su denuncia de un régimen autoritario sin mandato popular.
Todo esto ocurre mientras la crisis humanitaria sigue su curso, con noticias como la llegada de nuevos vuelos con migrantes deportados desde Estados Unidos, un crudo recordatorio de las realidades que empujan a los venezolanos a huir y que subyacen a toda la contienda política.
Las elecciones del 27 de julio serán, por tanto, mucho más que una contienda municipal. Serán un referéndum sobre la legitimidad del propio acto de votar en la Venezuela actual. La victoria o la derrota no se decidirá por el conteo de papeletas, sino por la cantidad de ciudadanos que, con su ausencia, intentarán gritar más fuerte que cualquier urna.
