La península de Corea amaneció nuevamente bajo tensión. El jueves por la mañana, desde la ciudad portuaria de Wonsan, Corea del Norte lanzó múltiples misiles balísticos de corto alcance que recorrieron hasta 800 kilómetros. ¿El mensaje? Claro y directo: demostrar su capacidad para un contraataque nuclear táctico. Kim Jong-un, líder supremo norcoreano, supervisó en persona los ejercicios militares que involucraron el sistema de cohetes multicapa de 600 milímetros y el misil Hwasongpho-11-Ka, inspirado en el modelo ruso Iskander.
La Agencia Central de Noticias de Corea (KCNA) detalló que las pruebas simulaban una respuesta inmediata a una hipotética agresión de Estados Unidos y Corea del Sur. “Entrenar para responder con rapidez y precisión en caso de crisis nuclear es prioritario”, afirmó el comunicado oficial.
Una advertencia en medio de tensiones internacionales
Estos lanzamientos no son hechos aislados. Ocurren en un momento en que EE. UU. y Corea del Sur intensifican sus ejercicios militares conjuntos, percibidos por Pyongyang como una provocación directa. Además, Corea del Norte ha comenzado a exportar armas y a enviar tropas a Rusia para respaldar su ofensiva en Ucrania, según fuentes militares surcoreanas.
“Es un claro acto de provocación que viola resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”, declaró Kim Inae, vocera del Ministerio de Unificación de Corea del Sur. Japón también reaccionó, aunque aclaró que ningún proyectil norcoreano alcanzó su zona económica exclusiva ni causó daños.
Alianza estratégica con Rusia: más que retórica
Tan solo un día después de los lanzamientos, Kim Jong-un visitó la embajada rusa en Pyongyang para conmemorar el 80.º aniversario de la victoria soviética sobre la Alemania nazi. Durante el acto, no solo elogió la histórica alianza con Moscú, sino que reafirmó su intención de estrechar aún más los lazos militares y estratégicos con el Kremlin.
El gesto no es simbólico: la cooperación armamentística entre Corea del Norte y Rusia parece ir más allá de declaraciones políticas, y podría estar orientada a desafiar abiertamente la hegemonía de Occidente en los conflictos globales.
¿Disuasión nuclear o plan de guerra?
Detrás del espectáculo de poder hay una narrativa clara: Kim quiere que el mundo sepa que Corea del Norte está lista para responder ante cualquier amenaza. Los misiles Hwasongpho-11-Ka y los cohetes balísticos de 600 mm, ambos potencialmente equipados con ojivas nucleares tácticas, marcan un nuevo nivel en su doctrina de disuasión y combate.
Kim enfatizó durante el operativo que sus fuerzas nucleares no solo deben servir como elemento disuasorio, sino también tener una función activa en combate. “Debemos elevar nuestra capacidad de ataque de precisión”, sentenció.
Un 2025 de alto riesgo
Este fue el sexto lanzamiento de misiles norcoreanos en lo que va del año, una cifra que pone en evidencia un patrón cada vez más agresivo. En paralelo, los informes sobre el aumento de la producción de artillería y el desarrollo de nuevas tecnologías militares apuntan a que Corea del Norte no se está preparando para dialogar, sino para resistir y atacar si lo considera necesario.
La región asiática —y el mundo— se enfrenta a una Corea del Norte cada vez más decidida a ocupar un lugar central en el ajedrez geopolítico global, con armas nucleares tácticas como pieza clave de su estrategia.
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