Los habitantes de Nabatieh, al sur del Líbano, no olvidarán la madrugada del jueves. El silencio fue quebrado por el estruendo de las bombas israelíes, dirigidas a un complejo subterráneo que, según las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), era parte clave de la infraestructura de Hezbollah, grupo considerado terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea e Israel.
Desde la calle, los habitantes solo vieron luces en el cielo. Bajo tierra, Israel asegura haber desmantelado una red de túneles y depósitos de armas. El ataque dejó un saldo oficial de una persona muerta y ocho heridas, según el Ministerio de Sanidad libanés.
Un alto el fuego que nunca fue total
El ataque se produce meses después de un acuerdo de alto el fuego alcanzado en noviembre de 2024 con mediación de Estados Unidos. Sin embargo, desde entonces los ataques han persistido. Hezbollah niega haber roto el pacto, pero Israel insiste en que el grupo ha intentado reagruparse en zonas prohibidas, especialmente al sur del río Litani, lo que viola los términos del acuerdo de 2006.
“El grupo sigue armándose con el respaldo de Irán y amenaza nuestra seguridad”, declaró un portavoz militar israelí. Las autoridades israelíes aseguran que esta operación es parte de una estrategia para impedir cualquier intento de Hezbollah de reconstruir su capacidad militar.
Escuelas cerradas y familias en pánico
Los efectos del bombardeo no se limitaron a la infraestructura militar. Las instituciones públicas cerraron sus puertas, y cientos de familias acudieron en masa a buscar a sus hijos en las escuelas. Las calles de Nabatieh, normalmente bulliciosas, se vaciaron en minutos.
La Agencia Nacional de Noticias del Líbano documentó el caos posterior al ataque, mientras el gobierno libanés condenaba la incursión y prometía acelerar los esfuerzos para una retirada israelí del sur del país.
Hezbollah: “No depondremos las armas”
Hezbollah, por su parte, no emitió comentarios inmediatos sobre los bombardeos. No obstante, el grupo ha reiterado en múltiples ocasiones que no entregará las armas mientras Israel mantenga presencia en territorio libanés.
La situación sigue siendo volátil. A pesar de las presiones internas y externas para desarmar al grupo, Hezbollah se mantiene firme en su postura. “Sin una retirada total de Israel, no hay diálogo posible”, han declarado líderes del movimiento.
¿Una nueva guerra en el horizonte?
Desde 2006, la región ha vivido múltiples estallidos de violencia. Este nuevo episodio podría encender nuevamente la mecha de un conflicto a gran escala, especialmente si se suman actores como Hamas, que ya ha lanzado cohetes desde el sur del Líbano hacia el norte de Israel.Israel advierte que seguirá actuando contra cualquier amenaza, mientras Hezbollah fortalece su retórica de resistencia. En medio de todo, la población civil es la más afectada, atrapada entre bombardeos, evacuaciones y la sombra constante de una guerra que nunca termina del todo.
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