La guerra de los 12 días entre Israel e Irán no solo dejó daños en infraestructura militar y civil, también abrió una herida profunda en la sociedad iraní. Lo que inició como un grito de unidad nacional ante los ataques, rápidamente se transformó en cuestionamientos sobre la legitimidad del régimen y su capacidad para garantizar seguridad, estabilidad y desarrollo.
El impacto inmediato: unidad nacional frente a la amenaza
Durante los bombardeos israelíes a instalaciones clave en Teherán, miles de iraníes se unieron bajo un mismo sentimiento patriótico. Activistas como Abdollah Momeni narran cómo incluso opositores al régimen dejaron de lado sus críticas para defender al país de la agresión extranjera. Sin embargo, esta cohesión duró poco. Una vez silenciadas las sirenas, la realidad interna volvió a golpear con fuerza.
Crisis económica y descontento social
Con una inflación superior al 35%, apagones masivos y sanciones que asfixian la economía, los iraníes sienten que sus líderes no tienen soluciones. “No tenemos agua, ni gas, ni esperanza”, advirtió el analista reformista Saeed Laylaz. La presión social en Irán crece en cafeterías, oficinas y universidades, donde jóvenes y comerciantes critican la corrupción y la represión.
Reformas o endurecimiento: el dilema del régimen
La relajación parcial del uso obligatorio del hiyab fue vista como un gesto hacia la población, pero muchos lo consideran insuficiente. Las demandas van más allá: liberación de presos políticos, apertura informativa y reducción de la censura digital. Entre tanto, sectores conservadores presionan por un endurecimiento militar tras la pérdida de altos mandos en la guerra.
La sucesión de Khamenei y el futuro incierto
El líder supremo, Ali Khamenei, con 86 años, sigue siendo el eje del sistema. Pero su sucesión es cada vez más debatida. Analistas se preguntan si el cargo mismo es sostenible. Algunos prevén un “bonapartismo” autoritario más pragmático, mientras otros temen la llegada de una generación más radical. La incógnita sigue siendo si el régimen elegirá el camino del diálogo o la confrontación permanente.
El pueblo como factor decisivo
En las calles de Teherán, el cambio político en Irán ya no se percibe como un sueño lejano. Jóvenes recuerdan las protestas por la muerte de Mahsa Amini y no descartan nuevas movilizaciones. Si el régimen no responde a las demandas sociales y no logra recomponer su relación con Occidente, la próxima crisis podría desencadenar un quiebre interno aún más profundo.
