
Mientras las potencias mundiales toman partido en la crisis de Oriente Medio, India ejecuta un complejo acto de equilibrio diplomático. El gobierno de Narendra Modi llama públicamente a la moderación, una postura que esconde un sofisticado cálculo de intereses estratégicos que lo vinculan con todos los actores en conflicto.
En el tablero de ajedrez global que se ha activado con la escalada entre Irán e Israel, India ha decidido no ser un peón, sino jugar su propia partida. La respuesta de Nueva Delhi a la crisis es un manual de diplomacia para un mundo multipolar: un llamado público a la calma que enmascara una defensa férrea y matizada de sus multifacéticos intereses nacionales.
La postura oficial fue articulada por el Primer Ministro Narendra Modi, quien expresó su «profunda preocupación» por la escalada de hostilidades y abogó por el «diálogo y la diplomacia» como única vía para restaurar la paz. Esta declaración, aparentemente neutral, es el resultado de un dilema estratégico que define la política exterior india actual.
El Dilema: Amigo de Enemigos
La India se encuentra en una posición única y delicada. Por un lado, mantiene «intereses vitales» y una relación histórica con Irán. Estos lazos no son meramente simbólicos; incluyen una crucial dependencia energética y el acceso estratégico al puerto de Chabahar, fundamental para las ambiciones comerciales de India en Asia Central, eludiendo a su rival Pakistán.
Por otro lado, en los últimos años, India ha construido una alianza estratégica cada vez más profunda con Israel y Estados Unidos. La cooperación en defensa, tecnología e inteligencia con Israel es robusta, y la asociación con Estados Unidos es vista como un contrapeso necesario a la creciente influencia de China en la región. Esta trilateral se ha materializado en foros de alto nivel como el I2U2 (India, Israel, EAU y EE.UU.), un pilar de la nueva arquitectura de seguridad en la región.
En medio de los ataques, la diplomacia india también ha tenido que actuar en el plano consular, con su embajada en Israel en «contacto continuo con las autoridades locales para garantizar el bienestar de la comunidad india».
De la «No Alineación» a la «Multialineación»
La habilidad de India para manejar estas relaciones contradictorias se ha puesto de manifiesto en los foros internacionales. A pesar de ser miembro de organizaciones como BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), donde comparte mesa con China y Rusia, Nueva Delhi se ha abstenido de unirse a las condenas directas contra Israel, marcando una clara distancia de sus socios y reafirmando su política de «autonomía estratégica».
«India tiene intereses vitales en Irán. ¿Cómo de importante es Irán para India y será India un pacificador?» – Análisis de NDTV sobre el rol potencial de India en el conflicto.
La respuesta de India a esta crisis es la prueba más fehaciente de su evolución. Ha dejado atrás el concepto de «No Alineación» de la Guerra Fría, que implicaba una cierta pasividad, para abrazar una estrategia de «multialineación» activa. No se trata de indecisión, sino de una política exterior deliberada y sofisticada, diseñada para un mundo donde el poder está más distribuido. Al mantener canales abiertos con todos los bandos, India no solo protege sus intereses, sino que se posiciona como un mediador indispensable y una potencia global con una voz propia e influyente.